Parte 2: LA LLAVE DEL DUQUE REVELÓ UNA CONSPIRACIÓN IMPERIAL.

La pesada puerta de hierro se cerró con un estruendo ensordecedor.

Sofía permaneció inmóvil en la oscuridad.

Las palabras del duque seguían resonando en su mente.

“Tu verdadera pesadilla apenas comienza.”

Durante varios minutos no se escuchó absolutamente nada.

Entonces…

Un pequeño objeto cayó al suelo desde la rendija de la puerta.

La joven avanzó con cautela.

Lo recogió entre sus manos.

Era una diminuta llave de plata.

Junto a ella había un trozo de pergamino.

Solo contenía una frase.

“No confíes en nadie dentro del palacio. Ni siquiera en el rey.”

Sofía sintió que el corazón dejaba de latir por un instante.

¿Había sido el propio duque quien dejó aquella nota?

Antes de que pudiera reaccionar, una piedra del muro se desplazó lentamente.

Detrás apareció un estrecho pasadizo oculto.

Una anciana vestida con el uniforme de las lavanderas reales salió de las sombras.

—Rápido.

No tenemos mucho tiempo.

Sofía retrocedió desconfiada.

—¿Quién es usted?

La mujer bajó la capucha.

—Fui la nodriza de tu madre.

Llevo veinte años esperando este día.

Aquellas palabras dejaron a Sofía completamente paralizada.

La anciana la condujo por el pasadizo hasta una pequeña habitación secreta.

En el centro había un viejo cofre cubierto de polvo.

La llave de plata encajó perfectamente.

Dentro descansaban antiguos planos del reino.

Cartas selladas.

Y un medallón con el escudo de la familia real.

La anciana entregó uno de los documentos a Sofía.

—Estos son los verdaderos planos que dibujó tu padre.

No los que presentaron ante el rey.

Sofía abrió lentamente el pergamino.

Su respiración se detuvo.

Los túneles secretos del castillo no servían para defender el reino.

Conducían directamente hasta la cámara del tesoro y los aposentos reales.

Era un mapa perfecto para organizar un golpe de Estado.

La joven comprendió la terrible verdad.

Alguien había robado los planos originales.

Después los modificó para incriminar a su familia.

—Entonces… nunca fui acusada por traición.

La anciana asintió con tristeza.

—Fuiste acusada porque eras la única persona capaz de descubrir quién falsificó los planos.

En ese instante, pasos militares comenzaron a escucharse sobre el techo del pasadizo.

Los soldados registraban todas las celdas.

La anciana apagó rápidamente la lámpara.

—Nos encontraron.

Antes de que pudieran esconderse, la pared secreta volvió a abrirse.

El duque Fernando apareció en silencio.

No llevaba armadura.

Ni tampoco su daga.

Solo sostuvo una carta con el sello personal del rey.

La dejó en manos de Sofía.

—El rey acaba de firmar tu sentencia de muerte.

Pero esa firma es falsa.

Porque el verdadero rey… lleva tres meses prisionero.

Y la persona que ocupa hoy el trono ha gobernado el imperio usando su identidad desde las sombras.

Lee la Parte 3.

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