El silencio se volvió insoportable.
Los tres jóvenes seguían arrodillados mientras los guardias los sujetaban con firmeza.
Nadie en la mansión se atrevía a respirar.
Jamás habían visto al legendario señor Lin aparecer personalmente para proteger a alguien.
Mucho menos para llamar “mi pequeña niña” a una joven que todos habían tratado como una simple empleada.
—Papá, espera.
La voz de la muchacha hizo que todos levantaran la cabeza.
El señor Lin giró inmediatamente hacia ella.
Su expresión helada desapareció por un instante.
—¿Te hicieron algo más?
Ella negó lentamente.
—Solo quería comprobar quiénes me respetaban por lo que soy… y quiénes solo respetan el dinero.
Aquellas palabras golpearon a todos como una bofetada.
Los ejecutivos presentes comenzaron a bajar la mirada avergonzados.
Muchos habían visto las humillaciones durante semanas.

Ninguno intervino.
El señor Lin recorrió la sala con una mirada afilada.
—Entonces… todos ustedes fueron cómplices.
El director de recursos humanos cayó de rodillas.
—Señor Lin… nosotros…
—¿Ustedes qué?
Su voz era tranquila, pero hacía temblar el suelo.
—Cuando mi hija trabajó aquí durante tres meses bajo una identidad falsa, nadie investigó las denuncias. Nadie castigó el abuso. Nadie protegió a una empleada indefensa.
El hombre ya no pudo responder.
El señor Lin hizo una leve señal con su bastón.
Su secretario entregó varias carpetas.
—Desde este momento, todos los directivos que ignoraron estos hechos quedan despedidos.
Los rostros palidecieron.
—Además, la empresa iniciará acciones legales por acoso, abuso de autoridad y encubrimiento.
Los tres jóvenes comenzaron a llorar desesperadamente.
—¡Fue una broma! ¡Solo queríamos divertirnos!
La joven los observó sin odio.
Solo con una profunda decepción.
—Para ustedes era una broma.
—Para muchas personas como yo… es el motivo por el que dejan de creer en la justicia.
Las palabras hicieron que varios empleados rompieran a llorar.
Ellos también habían sufrido humillaciones en silencio.
El señor Lin tomó la mano de su hija.
—Vámonos.
Ella dio apenas dos pasos.
Entonces, la enorme pantalla del salón se encendió automáticamente.
Un video comenzó a reproducirse frente a todos.
En la grabación aparecían los padres de aquellos tres herederos reunidos en secreto… organizando un plan para apoderarse del Grupo Lin utilizando precisamente a su hija como víctima.
El señor Lin sonrió por primera vez.
Una sonrisa tan fría que hizo estremecer toda la mansión.
—Ahora entiendo…
—Esto nunca fue un simple caso de acoso.
Era el comienzo de una guerra entre imperios.
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