PARTE 2: EL HOMBRE QUE REGRESÓ

Las enormes puertas se cerraron detrás de aquella figura.

El sonido de sus pasos retumbó en el salón como un martillo.

Nadie se atrevía a respirar.

Lucía permaneció inmóvil, incapaz de apartar la vista del hombre que avanzaba lentamente entre los invitados.

Era imposible.

Ella misma había asistido a su funeral siete años atrás.

Diego sonrió desde el suelo.

—Te dije que nunca conociste al verdadero enemigo.

La figura finalmente quedó bajo la luz del gran candelabro.

Era Alejandro Montes.

El antiguo fundador de la empresa.

Y el hombre que todos daban por muerto.

Un murmullo recorrió la sala.

La madre de Diego comenzó a llorar.

—No… esto no puede estar pasando.

Alejandro levantó una carpeta idéntica a la de Lucía.

—Mientras todos discutían quién robó el dinero, nadie preguntó quién organizó el robo.

Lucía sintió un nudo en la garganta.

Durante años había perseguido a Diego convencida de que él era el cerebro de toda la conspiración.

Alejandro dejó caer varios documentos sobre la mesa.

Cada contrato llevaba firmas auténticas.

También aparecían nombres de políticos, empresarios y directivos que nunca habían sido investigados.

El socio de Diego bajó la cabeza.

Por primera vez, el miedo sustituyó su arrogancia.

—Nos prometiste que jamás volverías.

Alejandro sonrió con absoluta frialdad.

—Y ustedes prometieron proteger mi imperio.

En lugar de eso, intentaron quedarse con él.

Las sirenas comenzaron a escucharse cada vez más cerca.

Los agentes ya entraban al edificio.

Lucía dio un paso hacia Alejandro.

—¿Por qué fingiste tu muerte?

Él sostuvo su mirada durante unos segundos.

—Porque necesitaba descubrir quién me traicionaría cuando creyera que ya no podía regresar.

El silencio volvió a apoderarse del salón.

Diego comenzó a temblar.

Comprendió que siempre había sido una pieza más del tablero.

Nunca el jugador.

Uno de los abogados entregó una memoria USB a Lucía.

—Toda la verdad está aquí.

Ella la sostuvo con manos temblorosas.

Antes de poder responder, Alejandro dijo algo que heló la sangre de todos.

—Pero aún falta conocer al único responsable que nunca apareció en ninguno de esos documentos.

Lucía frunció el ceño.

—¿Quién?

Alejandro señaló lentamente hacia el enorme espejo que decoraba la pared principal.

—La persona que permitió que todo empezara… está en esta misma familia.

Todos giraron la cabeza al mismo tiempo.

El espejo comenzó a deslizarse lentamente hacia un lado.

Detrás apareció una habitación secreta.

Y la persona que salió de ella hizo que Lucía sintiera que el mundo entero se derrumbaba bajo sus pies.

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