PARTE 2 – EL IMPERIO SIEMPRE LE PERTENECIÓ

Ella permanecía de rodillas.

Las lágrimas caían sin control sobre el suelo de mármol.

Los dos guardias seguían bloqueando la salida.

Él ni siquiera volvió la cabeza.

Su secretario apareció junto a la puerta con una carpeta negra.

—Señor, todos los consejos de administración ya recibieron la orden.

Él asintió con tranquilidad.

—Empiecen.

En menos de un minuto, el teléfono de la mujer comenzó a vibrar sin descanso.

Era su padre.

Contestó con manos temblorosas.

—¿Papá?

Del otro lado solo se escuchaban gritos.

—¡Los bancos cancelaron nuestras líneas de crédito!

—¡Los inversionistas rompieron todos los contratos!

—¿Qué hiciste?

Ella levantó la vista hacia su exesposo.

Por primera vez comprendía que jamás había conocido al hombre con quien vivió cinco años.

Él seguía observando la ciudad desde la ventana.

Como si todo aquello ya estuviera decidido desde hacía mucho tiempo.

El abogado recibió otra llamada.

Después de escuchar apenas unos segundos, dejó caer el teléfono.

—La corporación Luyanchi acaba de recuperar todas las participaciones prestadas.

Las acciones que tenía la familia… ya no existen.

El padre de ella volvió a llamar desesperado.

—¡Dile que se detenga!

—¡Perderemos todo!

Ella corrió hacia él.

Intentó sujetar su brazo.

—Por favor…

Podemos empezar de nuevo.

Él retiró lentamente la mano.

—¿Empezar de nuevo?

Cuando perdí mi empresa, me llamaste inútil.

Cuando enfermé, dijiste que solo era una carga.

Y mientras yo reconstruía en silencio todo mi imperio, tú solo esperabas el momento perfecto para abandonarme.

La habitación quedó completamente muda.

El hombre abrió lentamente la carpeta que sostenía su secretario.

Dentro había fotografías.

Transferencias bancarias.

Mensajes.

Y varios contratos.

Los dejó sobre la mesa.

—Hace cinco años descubrí que alguien dentro de Luyanchi vendía información confidencial.

Por eso desaparecí públicamente.

Necesitaba saber quién permanecía a mi lado por lealtad…

Y quién solo esperaba quedarse con mi fortuna.

Ella sintió un escalofrío.

Todas las pruebas apuntaban hacia su propia familia.

Incluso aparecían reuniones secretas con los principales competidores del grupo.

El abogado comenzó a retroceder.

Sabía que aquellas pruebas bastaban para destruirlos.

En ese instante, la enorme pantalla del despacho se encendió automáticamente.

Aparecieron decenas de directivos conectados por videoconferencia.

Todos se pusieron de pie al mismo tiempo.

El vicepresidente tomó la palabra.

—Señor presidente.

La junta extraordinaria acaba de votar por unanimidad.

Su cargo como presidente ejecutivo queda plenamente restituido.

Y existe un segundo punto que requiere su autorización inmediata.

Él levantó la mirada.

—¿Cuál?

El vicepresidente respiró hondo antes de responder.

—Acabamos de identificar al verdadero responsable de la traición dentro de Luyanchi.

Pero su nombre… sorprenderá incluso a usted.

Lee la Parte 3.

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