PARTE 2 – LA SEGUNDA OPINIÓN DESTRUYÓ TODA SU MENTIRA

Mariana no durmió aquella noche.

Esperó a que Ricardo se quedara profundamente dormido.

Entonces tomó discretamente el sobre con sus estudios.

No fue al hospital donde trabajaba el doctor Beltrán.

Condujo hasta un prestigioso centro oncológico de Ciudad de México.

Pidió una revisión urgente.

Tres especialistas analizaron durante horas las imágenes, las biopsias y cada uno de los resultados.

El silencio dentro del consultorio era insoportable.

Finalmente, la jefa del equipo levantó la vista.

—Señora Salgado…

Hay algo muy extraño aquí.

Mariana sintió que el corazón dejaba de latir.

—¿Cuánto tiempo me queda?

La doctora frunció el ceño.

—Esa no es la pregunta correcta.

Abrió una nueva carpeta.

—Porque usted no tiene el cáncer que aparece en este informe.

Mariana quedó completamente inmóvil.

La especialista colocó ambos expedientes sobre la mesa.

—Las imágenes corresponden a otra paciente.

Los números de identificación fueron alterados.

La firma del laboratorio fue falsificada.

Y esta biopsia…

Jamás salió de su tejido.

Las manos de Mariana comenzaron a temblar.

—Entonces…

¿Nunca estuve enferma?

La doctora negó lentamente.

—No encontramos evidencia de ningún tumor avanzado.

Necesitará algunos estudios adicionales.

Pero todo indica que usted está sana.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control.

No lloraba por alivio.

Lloraba porque comprendía el tamaño de la traición.

Salió del hospital con un nuevo informe médico certificado.

No llamó a Ricardo.

Tampoco regresó directamente a casa.

Fue primero a la fábrica.

Reunió únicamente a tres personas de absoluta confianza.

El jefe de producción.

La directora jurídica.

Y el auditor externo que llevaba veinte años trabajando con su padre.

Les mostró la grabación.

Después entregó el nuevo diagnóstico.

Nadie habló durante varios minutos.

El auditor rompió finalmente el silencio.

—Si falsificaron un diagnóstico médico…

No buscaban solo quedarse con la fábrica.

Querían incapacitarla legalmente.

La directora jurídica abrió de inmediato los archivos corporativos.

Su expresión cambió por completo.

—Mariana…

Hace dos semanas Ricardo presentó un borrador para obtener un poder general sobre todas tus empresas en caso de incapacidad médica.

Él ya tenía preparados los documentos.

Solo necesitaba que un médico certificara que no podías tomar decisiones.

En ese momento sonó el teléfono de Mariana.

Era Ricardo.

Ella respondió con absoluta serenidad.

—¿Cómo estás, amor?

—Destrozado —contestó él con una voz perfectamente ensayada—. Ya encontré un comprador para la fábrica. Tenemos que firmar cuanto antes si queremos pagar tu tratamiento.

Mariana sonrió en silencio.

—Claro.

Firmaré todo lo que haga falta.

Colgó sin añadir una palabra.

El auditor la observó.

—¿De verdad piensa firmar?

Mariana guardó lentamente el nuevo informe médico dentro de su bolso.

—Sí.

Pero no los documentos que él cree.

Porque hace diez minutos el juez autorizó una operación especial.

Y mañana, cuando Ricardo intente obligarme a vender la fábrica…

Encontrará en la sala de juntas a la policía, a la fiscalía y al verdadero dueño de la empresa que pensaba comprarla.

Lee la Parte 3.

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