PART 2: LA VENGANZA APENAS COMIENZA.

Mateo permaneció inmóvil durante varios minutos después de que la puerta se cerrara.

El eco de los tacones de Elena seguía resonando en su cabeza.

Por primera vez en muchos años, comprendió lo que significaba quedarse completamente solo.

El teléfono volvió a vibrar.

Era Verónica, su amante.

Contestó con las manos temblorosas.

—¿Dónde está el dinero? El alquiler vence hoy.

Mateo respiró profundamente.

—Ya no puedo ayudarte.

Al otro lado de la línea se hizo un breve silencio.

Después llegó una risa burlona.

—¿Me estás tomando el pelo?

—Elena descubrió todo.

La voz de Verónica cambió de inmediato.

—Entonces resuélvelo.

—Ya no tengo acceso a ninguna cuenta.

—¿Qué?

Mateo abrió la aplicación bancaria.

Todas las tarjetas aparecían bloqueadas.

El saldo de sus cuentas personales era insuficiente incluso para pagar un café.

En ese instante recibió una nueva notificación.

“Su acceso a las cuentas corporativas ha sido cancelado.”

Sintió un vacío en el estómago.

Corrió desesperadamente hasta la empresa.

Al llegar, el guardia de seguridad le bloqueó el paso.

—Lo siento, señor Mateo.

—Trabajo aquí.

El guardia negó con la cabeza.

—La presidenta ordenó retirar todos sus permisos hace una hora.

Mateo levantó la voz.

—¡Llama a Elena!

Antes de que el guardia respondiera, la enorme pantalla del vestíbulo se encendió.

Todos los empleados dejaron de caminar.

Elena apareció en la transmisión en directo desde la sala del consejo.

Vestía un elegante traje negro.

Su expresión era completamente serena.

—Quiero informar oficialmente que el señor Mateo deja de ocupar cualquier cargo dentro del Grupo Rivera.

Los trabajadores comenzaron a murmurar.

—La auditoría interna confirmó el desvío de fondos corporativos para gastos personales.

Mateo sintió que las piernas le fallaban.

—No…

—Toda la documentación será entregada a las autoridades competentes.

La transmisión terminó.

El silencio del vestíbulo fue aún más humillante.

Nadie se acercó a ayudarlo.

Aquellos mismos empleados que antes buscaban su aprobación ahora evitaban incluso mirarlo.

En ese momento, Verónica apareció por la puerta principal.

Caminó directamente hacia él.

Mateo creyó que había ido a apoyarlo.

Pero ella extendió la mano.

—Devuélveme las joyas.

Él la miró confundido.

—¿Qué dices?

—Las compraste con dinero que no era tuyo.

Verónica sonrió con frialdad.

—Y no pienso hundirme contigo.

Se quitó el anillo que él le había regalado.

Lo dejó caer sobre el suelo de mármol.

—Busca otra persona que mantenga tus mentiras.

Sin mirar atrás, salió del edificio.

Mateo comprendió que acababa de perder también a la mujer por la que había destruido su matrimonio.

Mientras tanto, Elena observaba la ciudad desde la ventana de su oficina.

Su abogado dejó una carpeta sobre el escritorio.

—Señora Elena, ya recuperamos la casa, los vehículos y todas las propiedades registradas a nombre del señor Mateo.

Ella asintió lentamente.

—¿Y las transferencias?

—También.

El abogado sonrió.

—Además encontramos una cuenta que él nunca declaró.

Elena abrió la carpeta.

Dentro había movimientos bancarios realizados durante los últimos cuatro años.

Pero uno de ellos llamó inmediatamente su atención.

No era un pago para Verónica.

Era una transferencia mensual dirigida a una mujer llamada Isabel Ortega.

Siempre la misma cantidad.

Siempre el mismo día.

Elena frunció el ceño.

—¿Quién es ella?

El abogado negó con la cabeza.

—Todavía no lo sabemos.

En ese momento, la secretaria entró apresuradamente.

—Señora Elena…

—¿Qué ocurre?

—Hay una mujer esperándola abajo.

—¿Su nombre?

La secretaria dudó unos segundos.

—Dice llamarse Isabel Ortega.

Y asegura que lleva veinte años intentando encontrarla.

Elena sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

No tenía idea de quién era aquella mujer.

Pero algo en su mirada, captada por la cámara de recepción, le resultaba extrañamente familiar.

Sin saberlo, la traición de Mateo solo había sido el comienzo.

La verdadera historia de su familia estaba a punto de salir a la luz.

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