PARTE 2 – EL PERRO NO ERA LA ÚNICA PRUEBA

Carlos sintió que las piernas dejaban de responderle.

El casco permanecía en el suelo.

Toda la calle guardaba un silencio absoluto.

El director de operaciones seguía conectado.

—Señor presidente, la orden ya fue ejecutada.

El acceso del empleado quedó suspendido.

Su motocicleta de reparto será inmovilizada en cuanto llegue el supervisor.

Carlos levantó las manos desesperado.

—¡Fue un error!

—¡Solo era un perro!

Aquellas palabras hicieron que el rostro del presidente se endureciera aún más.

Se agachó para acariciar a la pequeña mascota, que seguía temblando de miedo.

—No.

No era solo un perro.

Era un ser vivo bajo tu responsabilidad en ese momento.

Después miró directamente a la multitud.

—¿Alguien grabó lo ocurrido?

Decenas de personas levantaron sus teléfonos al mismo tiempo.

Una mujer dio un paso al frente.

—Lo grabé desde el primer golpe.

Un estudiante añadió otra grabación desde un ángulo distinto.

Incluso el anciano que había pedido calma mostró un video donde Carlos insultaba a varias personas minutos antes.

El director de operaciones escuchó todo desde el altavoz.

—Señor…

Estoy revisando las cámaras corporativas del uniforme.

Carlos abrió los ojos con horror.

Había olvidado que los nuevos chalecos de Express incorporaban una cámara de seguridad para proteger tanto a repartidores como a clientes.

El director tardó apenas unos segundos.

—Confirmado.

La cámara registró toda la agresión.

Y también captó algo más.

El presidente frunció el ceño.

—¿Qué encontró?

—Hace cuarenta minutos el mismo empleado golpeó a otro perro en una colonia cercana.

También empujó a un adulto mayor que intentó detenerlo.

La multitud comenzó a murmurar con indignación.

Carlos dio un paso hacia atrás.

—Eso… eso no demuestra nada.

El presidente negó lentamente.

—Demuestra un patrón.

En ese momento llegó una camioneta de la empresa.

Descendieron el jefe de Recursos Humanos, el director jurídico y un veterinario de la fundación de rescate animal patrocinada por Express.

El veterinario examinó al perro.

Su expresión se volvió seria.

—Tiene dos costillas fracturadas y lesiones internas.

Necesita cirugía inmediata.

El presidente entregó cuidadosamente al animal.

—Llévenlo ahora mismo.

Yo cubriré todo.

Cuando parecía que el caso había terminado, el director jurídico recibió una llamada.

Escuchó unos segundos y levantó la vista.

—Señor presidente…

No es un incidente aislado.

Acabamos de encontrar más de setenta quejas archivadas contra Carlos durante los últimos tres años.

Todas fueron cerradas sin investigación.

El presidente sintió un escalofrío.

—¿Quién autorizó ocultarlas?

El director jurídico tragó saliva antes de responder.

—Las aprobó personalmente alguien de la alta dirección.

Alguien que trabaja directamente en su oficina… y que usted ha considerado uno de sus colaboradores de mayor confianza.

Lee la Parte 3.

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