PARTE 2: EL VERDADERO TESTAMENTO.

Lin levantó lentamente la cabeza.

Por primera vez desde que había regresado a aquella mansión, dejó de llorar.

Miró directamente a los ojos del hermano Gu.

—¿De verdad crees que fui yo?

Él respondió sin dudar.

—Lo que veo es suficiente.

Lin sonrió con tristeza.

—Exactamente igual que hace quince años.

El comentario desconcertó a todos.

Yao Yao sintió un leve escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

Lin se agachó con calma y recogió uno de los cristales rotos.

Su dedo se cortó ligeramente.

Una gota de sangre cayó sobre la fotografía familiar.

La madre dio un paso involuntario hacia ella.

No sabía por qué, pero aquella escena le resultaba dolorosamente familiar.

Lin dejó el cristal sobre la mesa.

—Desde que llegué a esta casa, nunca me preguntaron cómo viví.

Nadie respondió.

—Nunca preguntaron quién me crió.

—Nunca preguntaron por qué desaparecí siendo una niña.

Solo quisieron decidir si era digna de llevar su apellido.

El padre bajó lentamente la mirada.

Por primera vez sintió vergüenza.

Yao Yao rompió el silencio.

—No intentes dar lástima.

—Aunque seas la hija biológica, nadie va a quitarme mi lugar.

Lin asintió.

—Tienes razón.

Todos la miraron sorprendidos.

—Nunca quise ocupar tu lugar.

Las palabras dejaron a la familia completamente inmóvil.

—Solo quería saber por qué nadie me buscó durante quince años.

El silencio volvió a llenar el salón.

Entonces el mayordomo entró apresuradamente.

Llevaba una pequeña caja de madera entre las manos.

—Señor…

Miró al padre de la familia.

—Encontramos esto en la antigua casa del fundador mientras preparábamos la remodelación.

El anciano abrió lentamente la caja.

Dentro había un sobre amarillento.

En el frente podía leerse una frase escrita a mano.

“Abrir únicamente cuando las dos niñas estén reunidas.”

La madre comenzó a temblar.

Era la letra del abuelo.

El padre rompió el sello.

Dentro había una carta y un documento notarial.

El anciano comenzó a leer en voz alta.

“Si estás leyendo esto, significa que finalmente encontraste a mi nieta perdida.”

Todos contuvieron la respiración.

“Quien haya provocado su desaparición jamás deberá administrar esta familia.”

El hermano Gu frunció el ceño.

—¿Provocado?

El padre continuó leyendo.

“No fue un accidente.”

La madre dejó escapar un sollozo.

“Alguien de esta casa entregó deliberadamente a la niña para quedarse con toda la herencia.”

Yao Yao retrocedió un paso.

—Eso… eso no puede ser verdad.

El anciano sacó el segundo documento.

Era un informe policial archivado hacía quince años.

En la última página aparecía el nombre de la persona investigada.

La madre apenas pudo sostener el papel.

—No…

El padre levantó lentamente la vista.

Su voz se quebró por completo.

—La persona señalada… no es un extraño.

Miró fijamente al hermano Gu.

—Es tu padre biológico.

Toda la habitación quedó en silencio.

El hermano Gu sintió que el mundo se derrumbaba.

—¿Qué… qué acaba de decir?

Antes de que alguien pudiera responder, la puerta principal se abrió.

Varios agentes de policía entraron acompañados por un anciano de cabello completamente blanco.

Al verlo, la madre perdió el equilibrio.

El hombre observó directamente a Lin.

Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro.

—Perdóname…

Su voz apenas era un susurro.

—Yo fui quien recibió el dinero para llevarte lejos de esta familia.

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