PARTE 2: EL PRECIO DE SU TRAICIÓN.
—Vas a devolver el dinero. Ahora mismo. Aparté el teléfono ligeramente de mi oído. Adrián no estaba pidiendo nada. Estaba dándome una orden. Como si todavía fuera…
PARTE 2: LA TRAICIÓN QUE LE COSTÓ TODO.
Mi abogada, Rebecca Sloan, me recibió poco antes de la medianoche. Habían pasado casi cuatro años desde la última vez que me senté frente a aquel escritorio….
PARTE 2: EL PRECIO DE HABERME PERDIDO.
Miré la fotografía durante tanto tiempo que terminé memorizando cada detalle. La casa detrás de ellos era grande. Mucho más grande que aquella que Ryan había comprado…
PARTE 2: EL DOCUMENTO QUE LOS DEJÓ SIN NADA.
—El setenta y cinco por ciento de las acciones asignadas a Ryan Carter —leyó Jonathan Mercer— está sujeto a una condición testamentaria especial. La sonrisa de Ryan…
PARTE 2: LA CUENTA QUE DERRUMBÓ SU FALSA MANSIÓN.
Una hora después de que Fernanda se marchara con sus hijas, Leonardo seguía brindando. Había convertido su salida en otro chiste. —Ya conocen a mi esposa —dijo,…
PARTE 2: LA VERDAD QUE TODO EL PUEBLO HABÍA CALLADO DURANTE DIEZ AÑOS.
Santiago no habló. Durante varios segundos solo escuchó el golpeteo irregular de la lluvia contra el techo de lámina. —Repítalo —dijo al fin. Mateo apretó ambas manos…
PARTE 2: CUANDO REGRESÓ CON UN ANILLO, YO YA HABÍA ELEGIDO OTRA VIDA.
Durante unos segundos pensé que no había escuchado bien. —¿Un anillo? Alexander no apartó los ojos de mí. —Sí. Noah seguía escondido detrás de mi falda, observándolo…
PARTE 2: CUANDO EL IMPERIO EMPEZÓ A CAER
Daniel me llamó diecisiete veces aquella noche. No contesté ninguna. A la decimoctava, dejó un mensaje. —Amelia, esto ya no es solo sobre nosotros. Harbor Point emplea…
PARTE 2: LA CASA QUE ÉL REGALÓ SIN SABERLO
Adrian apareció en San Diego dos días después. Lo supe porque el recepcionista del hotel llamó a mi habitación. —Señorita Sullivan, hay un señor Adrian Moore preguntando…
PARTE 2: YA NO HABÍA NADA QUE ESPERAR
Nathaniel tardó varios segundos en reaccionar. —¿Qué acabas de decir? —Que vendí la casa. Su rostro cambió. La tranquilidad desapareció. —Emily, esa casa también es mía. —Precisamente…