Laura retrocedió un paso.
Luego otro.
Su respiración se volvió irregular mientras observaba al profesor Esteban sostener la carpeta azul entre las manos.
El salón entero permanecía en silencio.
Yo seguía sentada en el suelo, rodeada por varios compañeros que intentaban ayudarme a levantarme.
Mi corazón latía con fuerza.
No solo por la caída.
Sino porque jamás había visto a Laura tan asustada.
El profesor ajustó sus gafas.
Leyó varias líneas más.
Y entonces levantó la vista lentamente.
—Esto no puede ser verdad…
Nadie entendía lo que ocurría.
Todos observaban confundidos.
Laura intentó acercarse.
—Profesor, devuélvame eso.
Su voz sonó temblorosa.
—No tiene derecho a leer documentos privados.
Pero Esteban no le hizo caso.
Pasó otra página.
Su expresión se endureció.
—¿Privados?
Miró directamente a Laura.
—Estos documentos llevan tu firma.
Y también los nombres de varios exalumnos de esta promoción.
Un murmullo recorrió el salón.
Varias personas comenzaron a intercambiar miradas.
Laura palideció.
Yo fruncí el ceño.
No entendía nada.
Jamás había abierto aquella carpeta desde hacía años.
Ni siquiera recordaba por qué seguía dentro de mi bolso.
Entonces el profesor levantó uno de los documentos.
—Aquí aparecen solicitudes de préstamos, empresas fantasma y contratos falsificados.
El silencio se volvió absoluto.
Laura abrió la boca.
Pero ninguna palabra salió de ella.
Uno de nuestros antiguos compañeros se puso de pie.
—Espera…
Su voz temblaba.
—Mi firma aparece ahí.
Todos giraron la cabeza.
Era Sergio.
Había sido delegado de clase durante años.
Esteban revisó otra hoja.
—Sí.
Aquí está.
Sergio caminó hasta el frente.
Miró el papel.
Y quedó paralizado.
—Yo nunca firmé esto.
Otra mujer se acercó inmediatamente.
—Déjame ver.
Apenas observó el documento, llevó una mano a su boca.
—También aparece mi nombre.
La tensión creció de golpe.
Laura comenzó a retroceder hacia la salida.
Pero varias personas ya le bloqueaban el paso.
Yo seguía sin comprender cómo aquellos documentos habían terminado conmigo.
Hasta que recordé algo.
Diez años atrás.
Poco después de graduarnos.
Laura me había pedido ayuda para archivar unas carpetas cuando iniciaba su primer negocio.
Aquella noche llovía.
Habíamos guardado cajas enteras dentro de mi coche.
Después nunca volvimos a hablar del tema.
Y ahora comprendía que aquella carpeta había permanecido olvidada entre mis viejas pertenencias durante una década.
Laura también acababa de darse cuenta.
Por eso había intentado recuperarla desesperadamente.
Por eso había registrado mi bolso.
Porque sabía exactamente lo que contenía.
El profesor continuó leyendo.
Cada nueva página empeoraba la situación.
Transferencias ocultas.
Contratos simulados.
Préstamos obtenidos usando identidades ajenas.
Nombres de antiguos estudiantes.
Familiares.
Incluso profesores.
Algunos comenzaron a revisar sus teléfonos.
Otros llamaron a sus abogados.
La reunión de exalumnos se había convertido en algo completamente distinto.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Una voz surgió desde el fondo del salón.
—Eso no es todo.
Todos se giraron.
Un hombre alto avanzaba lentamente entre las mesas.
Llevaba traje oscuro.
Y una expresión fría.
Yo lo reconocí inmediatamente.
Era Daniel.
El antiguo novio de Laura.
El hombre que había desaparecido de nuestras vidas años atrás sin dar explicaciones.
Laura se quedó inmóvil.
Parecía haber visto un fantasma.
—Tú…
Daniel se detuvo frente al profesor.
Sacó un sobre grueso de cuero.
Y lo dejó sobre una mesa.
—Durante años intenté demostrar lo que estaba haciendo.
Nadie me creyó.
Miró directamente a Laura.
—Pero esta noche ya no puedes esconderte.
Abrió el sobre.
Decenas de documentos aparecieron sobre la mesa.
Registros bancarios.

Correos electrónicos.
Transferencias internacionales.
Y fotografías.
El rostro de Laura perdió todo color.
Yo sentí un escalofrío.
Porque comprendí que la carpeta azul solo era una pequeña parte de algo mucho más grande.
Y cuando Daniel mostró la última fotografía, varios presentes soltaron gritos de incredulidad.
La imagen demostraba que la persona que realmente había financiado la empresa de Laura durante años era alguien que todos conocíamos.
Alguien que estaba presente en aquella misma reunión.
Alguien que acababa de levantarse lentamente de su asiento.
Y cuya expresión revelaba que el verdadero escándalo apenas estaba comenzando…
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