Parte 2: EL NOMBRE EN LA PANTALLA

El teléfono vibró una segunda vez.

Ethan no respondió de inmediato.

Su mirada permaneció fija en el nombre que iluminaba la pantalla mientras una expresión imposible de descifrar cruzaba su rostro.

Yo, en cambio, sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

Ryan Mercer.

El mismo hombre que me había prometido un futuro, había desaparecido cuando le conté que estaba embarazada y había bloqueado mi número antes de que Sophie naciera.

Las manos comenzaron a temblarme.

—¿Lo conoces? —preguntó Ethan con voz tranquila.

No fui capaz de responder enseguida.

Solo asentí.

—Es… el padre de mi hija.

Durante unos segundos, el apartamento quedó completamente en silencio.

El teléfono dejó de sonar.

Un segundo después volvió a vibrar.

Ethan rechazó nuevamente la llamada.

—No voy a contestar ahora.

—¿Por qué te está llamando a ti?

Él respiró hondo antes de responder.

—Porque trabaja para mí.

Sentí que el mundo se inclinaba bajo mis pies.

—¿Qué?

—Ryan Mercer es uno de los directores regionales de Cole Industries.

Me quedé inmóvil.

El hombre que me había abandonado estaba trabajando para la misma empresa que había rechazado dos veces mi solicitud.

No podía ser una coincidencia.

Ethan pareció leer mis pensamientos.

—¿Cuándo solicitaste empleo?

Le expliqué todo.

La primera entrevista cuando todavía estaba embarazada de seis meses.

La segunda, tres meses después del nacimiento de Sophie.

En ambas ocasiones había superado las pruebas iniciales.

En ambas ocasiones me llamaron para decirme que el puesto ya había sido ocupado.

Ethan frunció lentamente el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—¿Por qué?

—Porque hace dos meses ordené personalmente contratar más personal para esa división. Nadie debía ser rechazado por falta de vacantes.

Una sombra cruzó su expresión.

—¿Tienes todavía los correos electrónicos?

Asentí.

Busqué mi viejo teléfono y abrí la carpeta donde había guardado cada mensaje de rechazo.

Él los leyó con atención.

Su rostro cambió por completo.

—Esto es imposible.

—¿Qué ocurre?

Ethan amplió uno de los correos.

Estas respuestas nunca salieron de nuestro departamento de Recursos Humanos.

Mi corazón comenzó a acelerarse.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque esa dirección de correo ya no existe desde hace más de un año.

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.

—Entonces… ¿quién me rechazó?

Ethan no respondió.

En lugar de eso, tomó nuevamente su teléfono y marcó otro número.

—Claire, necesito que abras inmediatamente el historial de contratación de la oficina regional de Indianápolis.

Escuchó unos segundos.

—Sí, ahora mismo.

Hizo una pausa.

—Y quiero acceso completo al correo corporativo de Ryan Mercer.

Del otro lado hubo un largo silencio.

Después llegó una respuesta que no alcancé a escuchar.

Ethan simplemente contestó:

—Eso mismo pensé.

Colgó despacio.

Yo apenas podía respirar.

—¿Qué sucede?

Él me miró con absoluta seriedad.

—Creo que alguien manipuló tu proceso de contratación.

Mi cabeza comenzó a dar vueltas.

—¿Por qué alguien haría eso?

Ethan permaneció callado unos segundos.

Luego hizo una pregunta inesperada.

—Cuando le dijiste a Ryan que estabas embarazada… ¿él sabía dónde pensabas trabajar?

Me quedé pensando.

Entonces recordé.

Una semana antes de desaparecer, le había contado emocionada que Cole Industries buscaba asistentes médicos para su nueva división de salud ocupacional.

Era el empleo de mis sueños.

Ryan sonrió aquel día.

Me dijo que seguramente me contratarían.

Dos días después desapareció.

Sentí un frío insoportable.

—No…

Ethan ya había llegado a la misma conclusión.

—Si él tenía acceso al sistema…

No terminó la frase.

No hacía falta.

Ambos entendimos lo mismo.

Mi teléfono vibró.

Era Maya.

Contesté inmediatamente.

—¿Dónde estás? —preguntó preocupada.

—En casa.

—Acabo de buscar el nombre que me enviaste.

—¿Cuál?

—Ethan Cole.

Miré al hombre sentado frente a mí.

Maya continuó hablando tan rápido que apenas podía seguirla.

—¡Es el director ejecutivo de Cole Industries! ¡Sale en todas las revistas de negocios! ¿Tú sabes quién está sentado en tu cocina?

Miré nuevamente a Ethan.

Seguía preparando otra botella para Sophie como si aquello fuera lo más normal del mundo.

No parecía un multimillonario.

Parecía simplemente alguien preocupado porque un bebé no pasara hambre.

Cuando colgué, él sonrió con cierta incomodidad.

—Supongo que ya lo descubriste.

Asentí.

—¿Por qué viniste tú? Podrías haber enviado a cualquier persona.

Él observó a Sophie, que ya dormía tranquila en mis brazos.

—Porque hace muchos años alguien hizo exactamente lo mismo por mi madre.

Lo miré sorprendida.

—Ella me crio sola. Hubo noches en las que tampoco podía comprar leche.

Su voz se volvió más baja.

—Un desconocido nos ayudó cuando nadie más lo hizo. Nunca olvidé aquello.

Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

Antes de que pudiera decir algo, el teléfono de Ethan volvió a sonar.

Esta vez no era Ryan.

Era Claire.

Contestó de inmediato.

La conversación apenas duró cuarenta segundos.

Pero bastó para borrar cualquier rastro de calma de su rostro.

—Entendido.

Colgó lentamente.

Yo ya sabía que las noticias no eran buenas.

—¿Qué encontraron?

Ethan apoyó el teléfono sobre la mesa.

—Revisamos tu expediente.

Mi corazón latía con fuerza.

—¿Y?

Él respiró profundamente antes de hablar.

Nunca fuiste rechazada.

Sentí que el mundo se detenía.

—¿Qué quieres decir?

—Fuiste aprobada en ambas ocasiones.

No entendía nada.

—Entonces… ¿por qué nunca me contrataron?

Ethan sostuvo mi mirada.

—Porque alguien eliminó tu nombre del sistema después de que el comité autorizó tu contratación.

Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.

Todos aquellos meses…

Las cuentas impagas.

El hambre.

La desesperación.

Las noches sin dormir.

Todo porque alguien había decidido borrar mi futuro con un solo clic.

Ethan permaneció completamente inmóvil.

Luego pronunció una frase que hizo que el apartamento entero pareciera quedarse sin aire.

Y el único empleado con permisos suficientes para hacerlo… era Ryan Mercer.

En ese mismo instante, alguien golpeó tres veces la puerta del apartamento.

Ethan y yo nos miramos al mismo tiempo.

Su teléfono vibró una vez más.

Solo apareció un mensaje.

“Ya sabe la verdad. No dejes que abra la puerta.”

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