Julián corrió hacia la salida de la terraza mientras los guardias intentaban levantarse.
—¡Cierren todas las puertas! —gritó Sofía.
Pero él conocía bien el edificio. Había trabajado durante meses en la remodelación del lugar y sabía que detrás de la cocina existía una escalera de servicio.
Bajó varios pisos con el corazón golpeándole el pecho.
No quería escapar de la justicia.
Necesitaba encontrar una prueba antes de que Sofía y Lucas pudieran destruirla.
Minutos antes de la caída, Mateo le había enviado un mensaje extraño:
“Si algo me sucede, busca debajo de la mesa donde brindamos.”
Julián llegó al salón inferior y encontró la mesa de la celebración. Se agachó y descubrió una pequeña cámara adherida a la madera.
La arrancó justo cuando escuchó pasos detrás de él.
Lucas apareció en la puerta.
—Entrégamela —ordenó.
Julián escondió el dispositivo en su bolsillo.
—Dijiste que no habías visto nada.
—No tenía elección.
—Claro que la tenías.
Lucas apretó los puños.
—Mateo descubrió que Sofía había contratado un seguro millonario a su nombre. Ella prometió compartir el dinero conmigo si la ayudaba.
Julián sintió una mezcla de rabia y decepción.
—Entonces sí planearon matarlo.
—Yo solo debía mentir. Sofía dijo que la barandilla haría el resto.
Aquella frase confirmó que la caída no había sido accidental.
Julián activó discretamente la grabación de su teléfono.
—¿Manipularon la terraza?
Lucas comenzó a llorar.
—La barandilla estaba debilitada. Mateo debía apoyarse y caer. Pero tú apareciste antes de lo previsto.
—Por eso me acusaron inmediatamente.
—Necesitábamos a alguien con quien hubiera discutido.
Julián recordó la pelea que había tenido con Mateo aquella misma tarde por un problema de trabajo. Sofía la había presenciado y había convertido esa discusión en el motivo perfecto.
De repente, Lucas se lanzó sobre él para recuperar la cámara.
Ambos forcejearon entre las mesas.
El dispositivo cayó al suelo, pero antes de que Lucas pudiera tomarlo, la puerta se abrió.
Dos policías apuntaron hacia ellos.
—¡Al suelo!
Julián levantó las manos.
Sofía entró detrás de los agentes con lágrimas falsas.
—Gracias a Dios lo encontraron. Él también intentó atacar a Lucas.
—Eso es mentira —respondió Julián—. Revisen esta cámara.
Sofía palideció.
Uno de los oficiales recogió el dispositivo.
—Está dañado.
—La tarjeta de memoria sigue dentro —dijo Julián.
Lucas miró a Sofía. El miedo era evidente en su rostro.
—No digas nada —le advirtió ella.
El oficial escuchó la frase.
—¿Por qué intenta silenciarlo?
Sofía recuperó rápidamente su actuación.
—Está conmocionado por la muerte de su amigo.
En ese instante, una voz llegó desde la radio policial.
—Hemos encontrado a la víctima. Sigue con vida.
Todos quedaron inmóviles.
Mateo había caído sobre una red de protección colocada varios metros debajo del acantilado. Estaba herido, pero consciente.
Sofía retrocedió.
—Eso no puede ser.
Julián la miró fijamente.
—¿Por qué te sorprende que tu esposo esté vivo?
Ella no respondió.
Los agentes condujeron a todos hasta el hospital.
Mateo fue llevado a cirugía mientras los técnicos recuperaban las imágenes de la cámara.
La grabación mostraba a Sofía y Lucas entrando en la terraza horas antes de la fiesta.
Lucas aflojaba los tornillos de la barandilla mientras ella le entregaba herramientas.
Después aparecía Mateo discutiendo con Sofía.
—Descubrí el seguro —decía él—. También sé que robaste dinero de la empresa.
Sofía se acercaba con una copa en la mano.
—Mañana no recordarás nada.
La imagen mostraba cómo vertía una sustancia en la bebida.
Mateo fingía beber, pero derramaba discretamente el contenido en una maceta.
Él ya sospechaba del plan.
Cuando se acercó al borde, la barandilla cedió. Julián intentó sujetarlo, pero Sofía apartó su mano y comenzó a gritar que lo había empujado.
La verdad quedó registrada con absoluta claridad.
Lucas se derrumbó.
—Ella dijo que nadie descubriría la cámara.
Sofía intentó abandonar el hospital, pero los agentes la detuvieron.
—Todo esto fue idea de Mateo —gritó desesperada—. Él quería desaparecer y quedarse con el dinero.
Julián negó.
—Sigues mintiendo incluso ahora.
Horas después, Mateo despertó.
Pidió hablar con Julián antes que con la policía.
—Sabía que intentarían culparte —susurró.
—¿Por qué no me advertiste?
—Porque necesitaba que Sofía creyera que su plan estaba funcionando.
Mateo explicó que llevaba semanas investigando el fraude financiero de su esposa. Había colocado la cámara y preparado la red de seguridad debajo del acantilado.
—Entonces sabías que podías caer.
—Sabía que era posible, pero no que Lucas dañaría tanto la barandilla.
Julián lo miró con indignación.
—Pudiste morir y permitiste que me arrestaran.
—Lo siento. Era la única forma de conseguir una confesión completa.
—No tenías derecho a utilizarme.

Mateo bajó la mirada.
—Tienes razón.
La policía arrestó a Sofía por intento de asesinato, fraude y manipulación de pruebas. Lucas aceptó colaborar a cambio de una reducción de condena.
Parecía que la pesadilla había terminado.
Sin embargo, antes de ser trasladada, Sofía pidió hablar con Julián.
—Mateo no es la víctima inocente que imaginas —dijo.
—Ya no creo en tus mentiras.
Ella sonrió.
—Revisa la fecha en que compró la red de seguridad. Fue instalada antes de que yo contratara el seguro.
Julián sintió un escalofrío.
Solicitó los registros de compra.
Sofía decía la verdad.
Mateo había preparado la red y la cámara tres meses antes, cuando todavía no existía ningún plan conocido contra él.
Julián regresó a la habitación.
—¿Cómo sabías con tanta anticipación que intentarían matarte?
Mateo permaneció en silencio.
—Respóndeme.
Finalmente abrió un cajón y sacó un segundo contrato de seguro.
En él, Sofía aparecía como víctima y Mateo como único beneficiario.
—Ella no fue la primera en preparar una muerte —confesó.
Julián retrocedió.
—¿Qué hiciste?
Mateo miró por la ventana del hospital.
—Sofía descubrió mi plan y decidió adelantarse.
La caída del acantilado no había sido únicamente una conspiración contra Mateo.
Era el último capítulo de una guerra entre dos personas que habían intentado destruirse mutuamente.
Y Julián había sido elegido por ambos como el culpable perfecto.