PARTE 2: LA CARTA PROHIBIDA.

El golpe nunca llegó.

Diego detuvo el puño de Mateo a pocos centímetros del rostro de Sofía.

Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.

Solo se escuchaba la respiración agitada de los tres.

Mateo intentó liberarse, pero Diego lo sujetó con una fuerza que jamás le había conocido.

—Se acabó.

Aquellas dos palabras sonaron como una sentencia.

Mateo empujó a su hermano con violencia y ambos chocaron contra una vieja mesa de madera.

La carta cayó al suelo una vez más.

Sofía abrió los ojos al escuchar el estruendo.

Sabía que ese papel era la única prueba capaz de destruir todas las mentiras que habían marcado su vida.

Mateo intentó alcanzarlo primero.

Pero Diego fue más rápido.

Se agachó, tomó el sobre arrugado y lo abrió sin apartar la vista de su hermano.

—No la leas.

La voz de Mateo ya no sonaba desafiante.

Sonaba desesperada.

Diego comenzó a recorrer las primeras líneas.

Su expresión cambió por completo.

Cada palabra era peor que la anterior.

Aquella carta confirmaba que Mateo había falsificado documentos durante años para quedarse con toda la herencia familiar.

También demostraba que había amenazado a Sofía para obligarla a guardar silencio.

Por eso vivía aterrorizada.

Por eso evitaba mirar a cualquiera a los ojos.

Diego sintió una mezcla de rabia y culpa.

Había pasado demasiado tiempo lejos de casa.

Mientras él trabajaba para sacar adelante a la familia, Sofía había soportado aquel infierno completamente sola.

—¿Cuánto tiempo llevas haciéndole esto?

Mateo bajó la cabeza.

No respondió.

—¡Respóndeme!

El grito retumbó por todo el sótano.

Sofía dio un paso al frente.

Las lágrimas seguían cayendo, pero esta vez su voz no tembló.

—Desde que papá murió.

El silencio fue absoluto.

Diego sintió que el mundo se detenía.

Recordó el funeral.

Recordó cómo Mateo había insistido en encargarse de todos los documentos.

Nunca sospechó nada.

Hasta esa noche.

Mateo dio un paso hacia la puerta.

Quería escapar.

Pero Diego volvió a interponerse.

—No vas a huir otra vez.

En ese momento se escucharon varias sirenas acercándose a la casa.

Mateo quedó inmóvil.

Sofía levantó lentamente el teléfono que llevaba escondido entre las manos.

—Llamé a la policía antes de que llegaras.

Diego la miró sorprendido.

Ella respiró hondo.

—Hoy decidí dejar de tener miedo.

Los agentes entraron pocos segundos después.

Mateo intentó inventar una explicación.

Nadie le creyó.

La carta, las grabaciones del teléfono de Sofía y los antiguos documentos encontrados en el despacho fueron suficientes para revelar toda la verdad.

Mientras se lo llevaban esposado, Mateo volvió la cabeza por última vez.

—Esto no termina aquí.

Diego no respondió.

Solo abrazó a su hermana.

Por primera vez en muchos años, Sofía sintió que ya no estaba sola.

Sin embargo, mientras uno de los policías revisaba el resto de los archivos encontrados en la casa, descubrió un expediente oculto con un nombre que ninguno de los dos esperaba volver a escuchar.

Al leerlo, Diego sintió que la sangre se le helaba.

Todo lo ocurrido era apenas el comienzo.

El verdadero responsable seguía libre.

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