Nadie aplaudió cuando el supervisor salió escoltado por seguridad.
El silencio era demasiado pesado.
Carlos abrazó a Lucía mientras su pequeño hijo dormía sobre su hombro.
El dueño de la empresa observó a todos los presentes.
—Quiero una reunión inmediata.
Los empleados entraron lentamente a la sala principal.
Nadie imaginaba lo que estaba por descubrirse.
El gran jefe pidió que proyectaran las grabaciones de seguridad de las últimas semanas.
Las imágenes comenzaron a aparecer en la enorme pantalla.
No solo mostraban los insultos contra Lucía.
También revelaban reuniones secretas del supervisor con varios directivos.
Todos quedaron sorprendidos.
Los implicados manipulaban evaluaciones laborales, alteraban ascensos y despedían empleados para contratar familiares y amigos.
La corrupción llevaba años creciendo dentro de la empresa.
El dueño cerró los puños.
—Así era como desaparecía nuestro dinero.
Los responsables comenzaron a ponerse nerviosos.
Uno de ellos intentó abandonar discretamente la sala.

Los guardias le bloquearon la salida.
Lucía observaba la pantalla sin poder creerlo.
Comprendió que ella nunca había sido el verdadero objetivo.
Solo era una víctima más de una red de abusos que llevaba demasiado tiempo funcionando.
Carlos respiró profundamente.
Ahora entendía por qué tantos trabajadores honestos habían desaparecido de la empresa.
El dueño caminó hasta el centro de la sala.
—Desde hoy todos los despidos y ascensos serán investigados.
Nadie respondió.
El miedo se reflejaba en cada rostro.
En ese instante, la secretaria entró apresuradamente con una carpeta.
—Señor… tenemos un problema mucho más grave.
El dueño abrió los documentos.
Su expresión cambió de inmediato.
Faltaban millones de euros en las cuentas corporativas.
Alguien había vaciado parte del capital durante años.
Lo peor era que las transferencias seguían activas.
El responsable todavía trabajaba dentro del edificio.
Todos comenzaron a mirarse entre sí.
Carlos sintió un escalofrío.
Aquella batalla apenas acababa de empezar.
Y el verdadero enemigo aún caminaba libre por los pasillos de la empresa.