PARTE 2: EL VERDADERO LEGADO.

Los tres helicópteros quedaron inmóviles en el cielo.

No habían explotado.

Simplemente dejaron de obedecer cualquier orden humana.

Los tableros se apagaron al mismo tiempo, mientras una extraña luz dorada envolvía las hélices.

Los pilotos observaban aterrados cómo las aeronaves descendían lentamente sin que nadie tocara los controles.

En la cima de la montaña, los diez niños permanecían suspendidos en el aire.

La pequeña Lucía, la única niña de la familia Lu, abrió lentamente los ojos.

El resplandor dorado desapareció de sus manos.

—Solo fue una advertencia —dijo con una serenidad imposible para su edad.

La joven protectora asintió.

—No hemos venido a luchar.

En ese instante, una enorme sombra cubrió toda la montaña.

No pertenecía a ninguna nube.

Tampoco a ninguna aeronave.

El general levantó la vista desde la pantalla del centro de mando y sintió un escalofrío recorrer su espalda.

Los radares acababan de detectar una gigantesca figura descendiendo desde la estratósfera.

No emitía calor.

No tenía motor.

Y viajaba a una velocidad imposible.

—Identifiquen ese objeto inmediatamente.

Los operadores comenzaron a trabajar frenéticamente.

Unos segundos después, todas las pantallas mostraron el mismo mensaje.

Origen: desconocido.

La enorme figura descendió lentamente hasta quedar suspendida detrás de los diez niños.

Era un anciano vestido con una túnica blanca que parecía tejida con la luz del amanecer.

Los pequeños inclinaron la cabeza al mismo tiempo.

—Bienvenido, abuelo.

El anciano observó los helicópteros inmovilizados y luego dirigió su mirada hacia las cámaras militares.

—Han buscado durante décadas el secreto de la familia Lu.

Su voz resonó en todos los sistemas de comunicación, aunque nadie había abierto ningún canal.

—Pero siempre hicieron la pregunta equivocada.

El general dio un paso hacia la pantalla.

—¿Quiénes son ustedes?

El anciano sonrió con una calma inquietante.

—No somos el futuro de la humanidad.

Hizo una breve pausa antes de pronunciar las palabras que paralizaron a toda la base militar.

—Somos los últimos sobrevivientes de la primera humanidad… la civilización que existía mucho antes de que naciera la suya.

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