Parte 2: LA CARPETA “X” OCULTABA EL PLAN PARA ROBARME TODO

Me quedé paralizada frente a la pantalla.

El video había sido grabado exactamente siete días antes de nuestra boda.

Rodrigo abrazaba a Ximena, mi dama de honor desde la universidad. La misma mujer que había acomodado mi velo, secado mis lágrimas de emoción y sostenido mi ramo minutos antes de caminar al altar.

Ahora estaba besándolo.

—Solo aguanta un poco más —decía Rodrigo entre risas—. En cuanto Mariana transfiera el resto del dinero, pedimos el divorcio y nos quedamos con todo.

Ximena sonrió.

—¿Y si sospecha?

—Mi familia ya se encargará de hacerle la vida imposible. Mi mamá la pondrá a trabajar, mi papá la presionará y, si hace falta, provocaremos una pelea para que ella abandone la casa. Después diremos que incumplió el matrimonio.

Sentí un escalofrío.

Pero el peor momento llegó segundos después.

Rodrigo levantó una carpeta azul.

—Con estos documentos voy a demostrar que el dinero que puso para la boda fue un regalo, no una inversión.

Ximena soltó una carcajada.

—¿Y el enganche del departamento?

—Nunca existió ningún departamento. Ese dinero ya está invertido en el negocio de Kevin.

Cerré los ojos.

Los 480,000 pesos que había ahorrado durante ocho años ya no estaban.

Jamás habían estado destinados a nuestro futuro.

Habían financiado el de ellos.


A la mañana siguiente llegué al despacho de Adrián Salgado.

El abogado vio el video completo sin interrumpirme.

Cuando terminó, permaneció varios segundos en silencio.

—Mariana…

Giró lentamente el monitor hacia mí.

—Esto cambia completamente el caso.

—¿Por qué?

—Porque ya no estamos hablando únicamente de violencia familiar.

Señaló la pantalla.

—Aquí existe una posible conspiración para obtener un beneficio económico mediante engaño.

Respiró hondo.

—Si demostramos que desde antes de la boda planeaban quedarse con tu dinero utilizando un matrimonio fraudulento, las consecuencias legales serán mucho más graves.

Por primera vez desde las bofetadas de Rubén sentí que el miedo comenzaba a desaparecer.

Adrián tomó el teléfono.

—Necesito que presentes la denuncia hoy mismo.

—¿Y el dinero?

—Todavía hay una posibilidad.

Abrió un estado de cuenta.

—La transferencia de los 480,000 pesos fue hecha hace solo cinco días.

Todavía podemos solicitar medidas cautelares para impedir que dispongan del resto.


Mientras tanto, en el departamento familiar, el ambiente era completamente distinto.

Leticia caminaba de un lado a otro.

—¿Por qué no contesta?

Rodrigo llevaba más de treinta llamadas perdidas.

Kevin revisaba nervioso su celular.

Entonces sonó el timbre.

Todos sonrieron creyendo que era yo.

Pero era un actuario judicial.

—¿Rodrigo Hernández?

—Sí.

—Traigo una notificación de medidas precautorias.

Rodrigo dejó de sonreír.

El funcionario continuó leyendo.

—Por orden del Juzgado Familiar, queda prohibida cualquier disposición de los fondos relacionados con la cuenta terminación 8427 hasta que concluya la investigación correspondiente.

Kevin se puso de pie de golpe.

—¿Qué significa eso?

—Que el dinero no puede moverse.

Rubén golpeó la mesa con el puño.

—¡Esa mujer nos quiere arruinar!

El actuario levantó otra hoja.

—También se les informa que existe una denuncia por violencia familiar acompañada de evidencia audiovisual.

Kevin palideció.

Sin decir una palabra, apagó su teléfono.

Recordó demasiado tarde el video que había grabado durante las bofetadas.


Esa misma tarde, Adrián y yo acudimos al banco.

La gerente nos recibió personalmente.

—Señora Mariana, recibimos la orden judicial hace una hora.

Colocó varios documentos sobre la mesa.

—Hay algo que creemos que debe conocer.

Me entregó los movimientos completos de la cuenta.

Había decenas de transferencias pequeñas.

Materiales de construcción.

Equipos deportivos.

Pagos a proveedores.

Hasta que apareció una operación realizada apenas dos días antes de la boda.

Transferencia: 150,000 pesos.

Beneficiaria: Ximena Ortega.

Sentí que el corazón se detenía.

—¿Mi dama de honor?

La gerente asintió.

—Fue autorizada por el señor Rodrigo.

Adrián tomó inmediatamente una copia.

—Esto demuestra que el dinero de Mariana ya estaba siendo repartido antes del matrimonio.

Pensé que ya no podían sorprenderme más.

Me equivocaba.

La gerente abrió otra carpeta.

—Hay un detalle adicional.

Dentro apareció el contrato del supuesto departamento.

Lo revisé rápidamente.

La dirección no existía.

El número de escritura pertenecía a otra propiedad.

Y la inmobiliaria había sido dada de baja tres años atrás.

Era completamente falso.

Todo.

Desde el principio.

Nunca hubo vivienda.

Nunca hubo proyecto de vida.

Solo un plan cuidadosamente preparado para vaciar mis cuentas.

Cuando salimos del banco, Adrián habló con una serenidad absoluta.

—Ahora entiendo por qué tenían tanta prisa en casarse.

—¿Qué sigue?

—Lo más probable es que intenten negociar antes de que la Fiscalía intervenga.

Mi teléfono comenzó a vibrar.

Rodrigo.

Lo dejé sonar.

Volvió a llamar.

Y otra vez.

Finalmente contesté.

Su voz sonaba desesperada.

—Mariana… podemos hablar.

—Ya hablamos suficiente.

—Fue un malentendido.

—¿También fue un malentendido besar a Ximena una semana antes de la boda?

Al otro lado de la línea solo hubo silencio.

Después escuché una respiración agitada.

—¿Cómo… cómo sabes eso?

Miré a Adrián.

Él sonrió levemente.

Yo respondí con absoluta calma.

—Porque cometiste un error.

—¿Cuál?

—Olvidaste borrar la carpeta llamada “X”.

Rodrigo dejó escapar un jadeo.

Pero antes de que pudiera decir una sola palabra más, otra llamada entró en mi teléfono.

Era un número desconocido.

Contesté.

Una mujer habló entre lágrimas.

—Mariana… soy Ximena.

Necesito verte.

Porque tu boda no era el verdadero plan… tú nunca fuiste la única víctima.

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