PARTE 2: EL VIDEO QUE NADIE PODÍA BORRAR

La silueta avanzó lentamente bajo la luz amarillenta de la farola.

Mateo abrió los ojos con sorpresa.

—¿Papá…?

Valeria se quedó inmóvil.

El hombre que acababa de aparecer era don Ricardo, el patriarca de la familia.

Su rostro reflejaba una mezcla de decepción y cansancio.

—Baja esa navaja, Valeria.

Ella apretó los dientes.

—No te metas.

Don Ricardo dio otro paso.

—Ya me metí hace muchos años cuando decidí protegerte.

El silencio cayó sobre el callejón.

Mateo frunció el ceño.

—¿Protegerla?

El anciano asintió lentamente.

—Cometí el peor error de mi vida.

Valeria sintió cómo el miedo reemplazaba su arrogancia.

—No digas una palabra más.

Don Ricardo la ignoró.

Miró directamente a Mateo.

—El video que tienes demuestra quién provocó el incendio de la antigua fábrica.

Mateo apretó con fuerza el teléfono.

—Y también demuestra quién ordenó culparme.

El anciano cerró los ojos.

—Sí.

Valeria dio un paso hacia ellos.

—¡Dámelo!

Intentó arrebatarle el teléfono a Mateo.

Pero, antes de alcanzarlo, una voz resonó desde el extremo del callejón.

—Policía. ¡Nadie se mueva!

Dos agentes aparecieron corriendo.

Valeria retrocedió instintivamente.

Sonrió con frialdad.

—Llegan demasiado tarde.

Mateo levantó el teléfono.

—No.

Mostró la pantalla.

—El video ya no está aquí.

Valeria palideció.

—¿Qué hiciste?

Mateo respiró profundamente.

—Hace cinco minutos lo envié a tres personas distintas.

Ella sintió que todo escapaba de su control.

—¿A quién?

—A un periodista, a mi abogado… y a la Fiscalía.

Los agentes se acercaron.

Valeria levantó las manos lentamente.

—Todo eso puede ser falso.

Don Ricardo negó con tristeza.

—No.

Sacó un sobre que llevaba escondido bajo el abrigo.

—Yo también traje pruebas.

Dentro había contratos, transferencias bancarias y varias cartas firmadas años atrás.

—Durante demasiado tiempo guardé silencio para proteger el apellido de esta familia.

Miró a su hija con lágrimas en los ojos.

—Pero ese silencio destruyó demasiadas vidas.

Valeria comenzó a llorar.

—Papá…

—Ya no puedo seguir encubriéndote.

Uno de los policías tomó el sobre.

Cuando revisó la primera página, levantó inmediatamente la vista.

—Esto cambia toda la investigación.

Mateo sintió que, por fin, todo terminaría.

Sin embargo, el teléfono de uno de los agentes comenzó a sonar.

Escuchó durante unos segundos.

Su expresión cambió por completo.

—¿Está seguro?

Colgó lentamente.

Miró primero a Mateo.

Después a don Ricardo.

Finalmente fijó la vista en Valeria.

—Acabamos de recibir el informe pericial.

Todos guardaron silencio.

El agente respiró hondo.

—El video no fue grabado esta noche.

Mateo frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

El policía sostuvo el teléfono entre las manos.

—Fue grabado hace exactamente doce años.

Y la persona que aparece iniciando todo… no es Valeria.

Es alguien que todos ustedes daban por muerto desde hace una década.

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