PARTE 2
Todo el restaurante quedó en silencio.
Mateo levantó lentamente la vista hacia la pequeña cámara instalada sobre su mesa.
La luz roja seguía parpadeando.
Su seguridad desapareció por completo.
El gerente hizo una señal al jefe de seguridad.
—Traigan la grabación.
Dos empleados desaparecieron hacia la sala de control.
La novia de Mateo permanecía inmóvil.
Todavía no podía creer lo que acababa de escuchar.
—¿De verdad hiciste todo esto por dinero?
Mateo evitó responder.
Intentó recuperar la compostura.
—No pueden usar una grabación sin mi permiso.
El camarero sonrió con tranquilidad.
—Las cámaras están anunciadas en la entrada y cubren todo el comedor por motivos de seguridad.
Minutos después, una pantalla situada junto a la barra comenzó a reproducir las imágenes.
Todo el restaurante observó en silencio.
Se veía claramente a Mateo mirando a ambos lados.
Después abría discretamente una pequeña caja que llevaba en el bolsillo.
Sacaba una cucaracha muerta envuelta en papel.
Y la dejaba caer dentro del caldo cuando el camarero se alejaba.
No había ninguna duda.
Los clientes comenzaron a murmurar.
Algunos grababan la pantalla con sus teléfonos.
Mateo sintió que el rostro le ardía de vergüenza.
El gerente apagó la reproducción.
—Ahora todos conocen la verdad.
Pensó que el incidente había terminado.
Pero el jefe de seguridad levantó la mano.
—Hay algo más.
Retrocedió la grabación unos minutos.
En la imagen aparecía otro hombre sentado solo dos mesas más atrás.
No apartaba la vista de Mateo.
Cuando este colocó la cucaracha en el plato, el desconocido sonrió discretamente.
Después escribió un mensaje en su teléfono.
El jefe de seguridad amplió la imagen.
El hombre abandonó el restaurante apenas unos segundos antes del escándalo.
El gerente frunció el ceño.
—No vino a cenar.
Solo estaba observando.
Uno de los camareros reconoció inmediatamente su rostro.
—Trabaja para un restaurante que abrió hace dos meses en la misma avenida.
El silencio volvió a instalarse.
El gerente comprendió lo ocurrido.
—Alguien esperaba que este fraude destruyera nuestra reputación.
Mateo levantó la cabeza sorprendido.
—Yo… no conozco a ese hombre.
El jefe de seguridad sacó entonces otra captura de pantalla obtenida desde la entrada.
Mostraba a Mateo hablando con aquel desconocido durante varios minutos antes de entrar al local.
El color desapareció del rostro de Mateo.

Ya no podía negar nada.
En ese momento llegaron dos agentes de policía.
Uno de ellos tomó la tableta con las grabaciones.
Después miró fijamente a Mateo.
—Esto ya no se trata únicamente de un intento de obtener una indemnización.
Las pruebas apuntan a una conspiración para perjudicar deliberadamente a un establecimiento comercial.
Mientras los agentes se acercaban para identificar a todos los implicados, el teléfono de Mateo vibró.
Había recibido un único mensaje.
“Si hablas de quién te contrató, no volverás a ver el dinero… ni a tu hermano.”
Mateo sintió un escalofrío.
Comprendió que él nunca había sido el verdadero cerebro del plan.
Solo había sido la pieza más fácil de sacrificar.