Los agentes avanzaron entre la multitud mientras el murmullo de los periodistas se convertía en un estruendo ensordecedor.
—Señor Sie Shuchan, queda detenido por presuntos delitos de extorsión, asociación criminal y fraude empresarial.
Las cámaras captaron cada segundo.
El hombre que durante años había aparecido en las portadas como el empresario más admirado del país ahora permanecía inmóvil, incapaz de pronunciar una sola palabra.
Su abogado apareció de inmediato.
—¡Mi cliente no responderá ninguna pregunta!
Pero ya era demasiado tarde.
Los reporteros rodearon a la mujer que había interrumpido la conferencia.
—¿Quién es usted?
Ella respiró profundamente antes de responder.
—Mi nombre es Lin Yue.
El auditorio quedó completamente en silencio.
—Soy la hija del pescador que desapareció después de negarse a vender su cooperativa al grupo Senhua.
Aquellas palabras hicieron que el rostro de Shuchan perdiera todo el color.
Nadie conocía esa historia.
Quince años atrás, varias familias de la costa denunciaron amenazas, incendios y agresiones para obligarlas a vender sus derechos de pesca.
Todas las investigaciones fueron archivadas por falta de pruebas.
Lin levantó una vieja fotografía.
En ella aparecía un grupo de pescadores sonriendo junto al puerto.
En el centro estaba su padre.
Y detrás de ellos, observando discretamente la escena, aparecía un joven Shuchan hablando con varios hombres armados.
—Esta fotografía fue tomada dos días antes de que mi padre desapareciera.
Los periodistas comenzaron a transmitir la imagen en directo.
Las acciones del Grupo Senhua empezaron a desplomarse en la bolsa apenas unos minutos después.
Sin embargo, aquella fotografía no era la prueba más peligrosa.
Lin abrió una pequeña memoria USB.

—Aquí dentro hay más de trescientas grabaciones, contratos, transferencias bancarias y conversaciones privadas.
El fiscal levantó la vista sorprendido.
—¿Cómo consiguió todo eso?
Ella dirigió una mirada cargada de dolor hacia Shuchan.
—Porque durante cinco años fui su secretaria personal.
El empresario sintió que las piernas dejaban de sostenerlo.
Nunca imaginó que la mujer a la que había considerado una simple empleada llevaba años reuniendo cada evidencia de sus crímenes.
Pero entonces ocurrió algo inesperado.
Uno de los agentes recibió una llamada urgente y cambió por completo su expresión.
Se acercó al fiscal y susurró unas palabras que dejaron a todos desconcertados.
El fiscal levantó lentamente la cabeza.
—Detengan todo.
—¿Qué ocurre? —preguntó un periodista.
El fiscal respiró hondo antes de responder.
—Acaba de aparecer una segunda orden judicial… y no es contra el señor Sie.
Es contra la verdadera dueña oculta del Imperio Senhua.
Al escuchar aquel nombre, incluso Shuchan abrió los ojos con auténtico terror.
Porque la persona que movía todos los hilos desde las sombras seguía libre… y acababa de desaparecer sin dejar rastro.