PARTE 2: LA PUERTA QUE ESCONDÍA EL PECADO DE TODA UNA FAMILIA

Valeria empujó la vieja puerta con todas sus fuerzas.

La madera crujió lentamente.

El llanto de Mateo volvió a escucharse.

Estaba muy cerca.

La joven corrió por un pasillo oscuro hasta llegar a una habitación iluminada por una única bombilla.

Su hijo seguía dentro del cochecito.

Lloraba desconsoladamente.

Valeria lo abrazó con fuerza.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control.

—Ya pasó, mi amor.

Pero una voz sonó detrás de ella.

—Sabía que vendrías.

Valeria se giró de inmediato.

Era el hombre de la chaqueta negra.

Ya no ocultaba su rostro.

Ella lo reconoció al instante.

—¿Tú…?

Era Andrés.

El antiguo chófer de su difunto padre.

Desapareció el mismo día del funeral.

—¿Por qué hiciste esto? —preguntó ella con rabia.

Andrés bajó lentamente la cabeza.

—Porque era la única forma de traerte hasta aquí.

Valeria abrazó con más fuerza al bebé.

—¡Estás loco!

El hombre negó.

—Jamás habría hecho daño a Mateo.

Entonces señaló una vieja caja de madera.

—Lo que realmente debes temer está ahí dentro.

Valeria abrió la caja con manos temblorosas.

Encontró fotografías antiguas.

Actas de nacimiento.

Cartas.

Y una prueba de ADN.

Su respiración se detuvo.

En la primera fotografía aparecía ella sosteniendo a un recién nacido.

Pero la fecha correspondía a tres años antes del nacimiento de Mateo.

—¿Qué significa esto?

Andrés respiró profundamente.

—El bebé que enterraron hace treinta años nunca fue el verdadero hijo de tu familia.

Valeria sintió un escalofrío.

—No…

Él continuó.

—Alguien cambió a los recién nacidos en el hospital.

Las manos de Valeria comenzaron a temblar.

La prueba de ADN cayó al suelo.

En ese instante sonó un teléfono.

Andrés respondió.

Su rostro perdió completamente el color.

—Ya vienen.

—¿Quiénes?

Antes de que pudiera responder, varios vehículos rodearon el edificio.

Las luces atravesaron las ventanas rotas.

Se escucharon pasos.

Muchos pasos.

Andrés miró a Valeria con urgencia.

—Escúchame bien.

Le entregó una pequeña llave de plata.

—Si quieres saber quién es realmente tu hijo… abre la caja de seguridad número diecisiete del antiguo banco familiar.

Valeria quedó paralizada.

—¿Qué quieres decir con “quién es realmente mi hijo”?

Andrés cerró los ojos.

—Porque Mateo no fue el bebé que salió del hospital contigo.

El silencio se volvió insoportable.

La puerta principal fue derribada de un golpe.

Varios hombres armados entraron en el edificio.

Al frente de todos caminaba una mujer elegante.

Valeria sintió que el mundo se detenía.

Era su propia madre.

Y la primera orden que dio fue tan fría que heló la sangre de todos.

—No toquen a la niña… pero tráiganme al bebé. Él es el verdadero heredero de esta familia.

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