Parte 2: LA VERDAD QUE DOÑA CARMEN LLEVABA MESES ENTERRANDO

Alejandro permaneció de rodillas junto a la cama.

Miró a Sofía.

Después a su madre.

Y volvió a mirar las heridas que cubrían el cuerpo de su esposa.

Su voz salió apenas como un susurro.

—¿Quién hizo esto?

Doña Carmen soltó una risa suave.

—Ya te lo dije. Esa muchacha perdió la cabeza. Se golpea sola cuando tú no estás.

Sofía comenzó a temblar.

—No…

No es verdad…

Carmen dio un paso hacia adelante.

—¿Ves? Ni siquiera puede hablar con claridad.

Alejandro levantó lentamente la vista.

—Mamá…

¿Estás diciendo que ella sola se hizo quemaduras de cigarro en la espalda?

El silencio duró apenas un segundo.

—Las mujeres embarazadas hacen cosas muy extrañas.

Alejandro sintió que la sangre le hervía.

Tomó el teléfono y marcó al servicio de emergencias.

Doña Carmen caminó rápidamente hacia él.

—¡No seas ridículo! ¡Vas a destruir el apellido de esta familia!

Él retiró su brazo.

—La familia ya quedó destruida.

Diez minutos después, una ambulancia llegó a la residencia.

Mientras los paramédicos revisaban a Sofía, una doctora descubrió algo aún más preocupante.

—Tiene signos evidentes de desnutrición.

Miró a Alejandro.

—¿Cuánto peso ha perdido durante el embarazo?

Él negó lentamente.

—No lo sé.

La doctora frunció el ceño.

—Con siete meses debería haber aumentado varios kilos.

No perderlos.

Alejandro volvió la cabeza hacia su madre.

Ella permanecía completamente inmóvil.

Entonces una enfermera habló.

—También encontramos lesiones antiguas en ambas muñecas.

Como si hubiera permanecido inmovilizada repetidas veces.

Sofía rompió a llorar.

—Ella…

Ella me encerraba cuando tú viajabas.

Toda la habitación quedó en silencio.

Alejandro sintió que el suelo desaparecía.

—¿Qué dices?

Sofía apenas podía respirar.

—Decía que una buena esposa no necesitaba salir de casa.

Que una mujer embarazada solo traía problemas.

Que el bebé sería suyo.

Doña Carmen golpeó el suelo con el bastón.

—¡Basta de mentiras!

Pero ya nadie la escuchaba.

En el hospital, los médicos realizaron una revisión completa.

El obstetra salió cuarenta minutos después.

Su expresión era grave.

—El bebé está vivo.

Pero estuvo sometido a un estrés extremo durante semanas.

Alejandro sintió un nudo en la garganta.

—¿Por qué?

El médico abrió el expediente.

—La paciente presenta niveles de deshidratación incompatibles con un embarazo normal.

También encontramos restos de un sedante en los análisis de sangre.

Alejandro levantó la cabeza de golpe.

—¿Un sedante?

—Sí.

No corresponde a ningún medicamento prescrito durante el embarazo.

Mientras tanto, la policía llegó a la casa para realizar la primera inspección.

Un agente abrió el armario del dormitorio.

Detrás de varias cajas apareció una pequeña habitación de almacenamiento.

Dentro encontraron un colchón viejo.

Una cadena.

Y una correa de cuero.

El detective permaneció varios segundos en silencio.

Luego fotografió todo.

En la cocina apareció otro hallazgo.

Varios frascos sin etiqueta escondidos dentro de un recipiente de harina.

Los peritos comenzaron inmediatamente a tomar muestras.

Aquella misma tarde, Doña Carmen fue llevada a declarar.

Seguía sonriendo.

—Todo esto es un invento de esa muchacha.

Siempre quiso separar a mi hijo de su verdadera familia.

Pero su tranquilidad desapareció cuando el detective colocó una tableta sobre la mesa.

—Reconoce esta grabación.

Era una cámara instalada en la entrada principal.

Se veía claramente a Carmen entrando al dormitorio con una bandeja de comida.

Cinco minutos después salía con el plato completamente lleno.

Todos los días.

Durante casi tres meses.

El detective cambió de video.

Ahora aparecía cerrando la puerta por fuera con una llave.

Volvió a cambiar.

En otra grabación, Carmen apagaba deliberadamente el aire acondicionado en plena ola de calor.

Su sonrisa desapareció lentamente.

—Eso…

No significa nada.

El detective respondió con calma.

—Todavía no terminamos.

Sacó una segunda carpeta.

Dentro había mensajes impresos.

Todos enviados desde el teléfono de Carmen al celular de Alejandro mientras él viajaba.

“Sofía está durmiendo.”

“No quiere hablar con nadie.”

“Dice que necesita estar sola.”

El detective levantó la vista.

—Mientras enviaba esos mensajes, su nuera permanecía encerrada.

Sin comida suficiente.

Sin atención médica.

Sin posibilidad de pedir ayuda.

Doña Carmen dejó de hablar.

Al mismo tiempo, Alejandro permanecía sentado junto a la cama de Sofía.

No soltaba su mano.

—Perdóname.

Ella cerró los ojos.

—Pensé que nunca ibas a creerme.

Él comenzó a llorar.

—Fallé como esposo.

Sofía negó con suavidad.

—Ella se aseguraba de que nunca supieras la verdad.

En ese instante entró el detective.

Traía otra carpeta.

Su expresión era mucho más seria.

—Señor Alejandro.

Necesitamos hacerle una pregunta.

—¿Qué ocurre?

El detective abrió lentamente el expediente.

—Revisando las cuentas bancarias encontramos que, durante los últimos ocho meses, alguien retiró grandes cantidades de dinero de las cuentas familiares utilizando un poder firmado con su nombre.

Alejandro frunció el ceño.

—Yo nunca autoricé esos retiros.

El detective colocó varias copias sobre la mesa.

—Eso pensamos.

Hizo una pausa.

—Porque la firma es falsa.

Y todo el dinero terminó en una cuenta abierta exclusivamente por Doña Carmen.

Pero había algo todavía más inquietante.

El último retiro se realizó apenas cuarenta y ocho horas antes del regreso inesperado de Alejandro.

Cinco millones de pesos.

Con un concepto que hizo guardar silencio a toda la habitación.

“Pago inicial por tutela del menor.”

El detective respiró hondo antes de hablar.

—Creemos que su madre no solo pretendía quedarse con el bebé.

Todo indica que ya había iniciado los trámites para declarar legalmente incapaz a Sofía y arrebatarle la custodia apenas diera a luz.

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