Tin Juan tomó el documento con las manos temblorosas.
—¿Qué significa esto?
Roxy lo observó con absoluta serenidad.
—Significa que acabas de perder todo aquello que creías controlar.
Vanessa dio un paso al frente.
—¡Eso es imposible! La empresa es de Tin Juan.
Roxy sonrió con frialdad.
—Eso era lo que él también creía.
Sacó una segunda carpeta de su bolso.
Dentro estaban los contratos originales de constitución del grupo empresarial.
La empresa había sido creada años atrás con el capital que Roxy heredó de su abuelo.
Tin Juan solo figuraba como administrador.
Nunca como propietario.
—Mientras tú presumías relojes, coches y joyas con ella, yo seguía siendo la accionista mayoritaria.
El rostro de Tin Juan quedó completamente pálido.
—¿Por qué nunca lo dijiste?
—Porque quería saber si me amabas por mí… o por mi dinero.
Vanessa comenzó a ponerse nerviosa.
—No le hagas caso. Seguro son documentos falsos.
En ese momento sonó el teléfono de Tin Juan.

Era el director financiero.
—Señor… acabamos de recibir una orden del consejo.
—¿Qué ocurre?
—La señora Lin Roxy asumió oficialmente la presidencia hace diez minutos. Todas sus firmas bancarias y poderes administrativos han quedado anulados.
El teléfono cayó de las manos de Tin Juan.
Vanessa lo miró desesperada.
—¡Haz algo!
Pero él ya no tenía autoridad para hacerlo.
En ese instante entraron varios abogados acompañados por personal de seguridad.
El abogado principal entregó un sobre a Tin Juan.
—Por orden de la nueva presidenta, dispone de una hora para abandonar esta propiedad.
Vanessa levantó la voz.
—¡Esta casa también es de Tin Juan!
El abogado negó lentamente.
—La escritura siempre estuvo registrada únicamente a nombre de la señora Lin Roxy.
La joven amante sintió que las piernas dejaban de sostenerla.
Miró a Tin Juan esperando una explicación.
Él permanecía inmóvil.
Había vivido durante años creyéndose dueño de un imperio que legalmente nunca le perteneció.
Roxy tomó el collar de diamantes que Vanessa llevaba en el cuello.
—Este fue un regalo comprado con dinero de mi empresa.
Vanessa intentó impedirlo.
Uno de los guardias dio un paso al frente.
—No toque a la presidenta.
Roxy guardó la joya en su bolso y observó por última vez a la pareja.
—Disfrutasteis de mi fortuna mientras duró la mentira.
Hizo una breve pausa.
—Ahora aprenderéis lo que cuesta vivir sin ella.
Cuando ambos fueron escoltados hacia la salida, el abogado recibió una última llamada.
Después miró a Roxy.
—Señora Lin, la auditoría acaba de terminar.
—¿Y?
—Hemos descubierto que durante años el señor Tin Juan desvió millones de la empresa para mantener a su amante.
Roxy cerró los ojos un instante.
—Presenten la denuncia.
Tin Juan comprendió entonces que perder el matrimonio había sido solo el principio.
Lo siguiente que iba a perder era su libertad.