PARTE 2: LOS HIJOS QUE REGRESARON PARA DESTRUIR SU IMPERIO.

Las cinco sombras avanzaron lentamente hacia el salón.

Alejandro soltó a los gemelos y se puso de pie, incapaz de apartar la mirada de aquellos desconocidos.

La mujer que caminaba al frente dejó una carpeta gruesa sobre la mesa.

—Soy Valeria, tu hija mayor.

Los otros cuatro se colocaron detrás de ella.

—Nosotros no hemos venido a conocerte —añadió uno de los hombres—. Hemos venido a recuperar lo que nos robaste.

Alejandro miró a Helena con furia.

—¿Qué les has contado?

—La verdad —respondió ella—. Que permitiste que tu padre los hiciera desaparecer para evitar dividir la herencia.

—¡Yo nunca acepté eso!

Valeria abrió la carpeta.

Dentro había siete certificados de nacimiento, fotografías antiguas y cartas firmadas por médicos de la familia.

Pero el último documento hizo palidecer a Alejandro.

Era una autorización con su propia firma.

—Ese papel es falso —murmuró.

—Entonces no tendrás miedo de escuchar la grabación —dijo Helena.

Sacó una pequeña grabadora y pulsó el botón.

La voz de Alejandro llenó el salón.

—Mi padre tiene razón. Siete hijos destruirían el futuro de la empresa. Ocúpate de que nadie vuelva a mencionarlos.

Los gemelos dejaron de sonreír.

Alejandro sintió que algo se rompía dentro de él.

—Yo era joven. No sabía lo que decía.

—Pero nosotros sufrimos las consecuencias —respondió Valeria.

En ese instante entró el notario de la familia acompañado por dos agentes.

—Señor Alejandro, existe una cláusula secreta en el testamento de su padre.

Abrió un sobre sellado.

—Si los siete descendientes legítimos aparecían juntos antes de finalizar este día, recibirían el control total del patrimonio familiar.

El reloj de la mansión marcó las once y cincuenta y nueve.

Alejandro miró desesperado a Helena.

—¿Todo esto era por el dinero?

Ella negó lentamente.

—No. El dinero solo impedirá que vuelvas a hacerles daño.

El reloj dio la medianoche.

Valeria tomó la mano de los gemelos.

Los siete hermanos quedaron unidos frente al hombre que los había abandonado.

Entonces uno de los agentes se acercó a Alejandro.

—También debemos interrogarlo por falsificación, sobornos y desaparición ilegal de menores.

Alejandro retrocedió completamente derrotado.

En una sola noche había perdido su fortuna, su libertad y a los siete hijos que jamás se había molestado en buscar.

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