PARTE 2: EL CONDUCTOR OCULTO.

Los faros avanzaban directamente hacia Valeria.

El rugido del motor rompía el silencio del bosque.

Ella salió de detrás del roble en el último segundo.

El automóvil pasó rozando su cuerpo y se estrelló violentamente contra un enorme tronco.

El impacto sacudió toda la montaña.

Valeria cayó al suelo, aturdida.

Cuando levantó la cabeza, vio la puerta del conductor abrirse lentamente.

Esperaba encontrar al hombre que la perseguía.

Pero nadie descendió.

El coche estaba vacío.

El motor seguía acelerado.

Como si alguien lo hubiera dirigido desde otro lugar.

Un escalofrío recorrió su espalda.

Entonces escuchó una voz detrás de ella.

—No debiste volver.

Valeria giró bruscamente.

Frente a ella apareció Mateo.

Tenía las manos ensangrentadas y la ropa cubierta de cristales.

—¿Estás… vivo?

Él respiraba con dificultad.

—La puerta estaba bloqueada desde fuera. Alguien quería que creyeras que había muerto.

Antes de que pudiera acercarse, un disparo resonó entre los árboles.

La bala impactó contra el coche incendiado.

Las llamas comenzaron a extenderse rápidamente.

Mateo tomó la mano de Valeria.

—Tenemos que irnos.

Corrieron entre la niebla mientras las explosiones iluminaban el bosque.

Al llegar a una vieja cabaña abandonada, Mateo cerró la puerta con un pesado cerrojo.

—¿Quién intenta matarnos? —preguntó Valeria.

Mateo guardó silencio durante unos segundos.

Después sacó una pequeña memoria del bolsillo interior de su chaqueta.

—Todo empezó hace seis meses.

Conectó la memoria a un viejo ordenador.

En la pantalla apareció un video grabado por la cámara del estacionamiento.

Las imágenes mostraban claramente a un hombre manipulando el automóvil antes de que ellos llegaran.

El individuo llevaba una capucha negra.

Pero, cuando levantó la cabeza por un instante, su rostro quedó perfectamente registrado.

Valeria sintió que el corazón dejaba de latir.

Conocía a ese hombre desde niña.

Era Daniel.

El hermano mayor de Mateo.

—Es imposible… —susurró.

Mateo bajó la mirada.

—Por eso nunca quise que vieras ese video.

En ese momento, alguien golpeó tres veces la puerta de la cabaña.

Ninguno de los dos se movió.

Una voz tranquila sonó desde el exterior.

—Mateo… abre.

Sé que ella ya conoce la verdad.

Los dos se miraron en silencio.

Aquella era exactamente la misma voz que Valeria había escuchado entre los árboles minutos antes.

La voz de Daniel.

Pero lo que más la aterrorizó fue recordar un detalle imposible.

Daniel había sido declarado oficialmente muerto hacía cuatro años.

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