La explosión de energía lanzó a los soldados varios metros hacia atrás.
El comandante apenas consiguió mantenerse en pie.
Los diez hermanos seguían flotando frente a su madre.
Ninguno mostraba miedo.
Solo determinación.
Desde la base militar, el general observaba la transmisión en directo.
—No disparen otra vez.
Todos lo miraron sorprendidos.
—Si los matamos, jamás descubriremos el origen de ese poder.
En ese instante, la madre dio un paso al frente.
—Basta.
Su voz resonó con una autoridad inesperada.
Los diez niños descendieron lentamente hasta tocar el suelo.
El hermano mayor la observó confundido.
—Mamá, no podemos confiar en ellos.
Ella negó con tristeza.

—El secreto ya no puede seguir oculto.
Sacó un pequeño colgante de cristal que llevaba alrededor del cuello desde hacía años.
Al abrirlo apareció un diminuto fragmento de roca azul que emitía una tenue luz.
El general palideció al verlo por la pantalla.
—Es imposible…
El científico giró bruscamente hacia él.
—¿La reconoce?
El general cerró los ojos unos segundos.
—Hace veinte años existió un proyecto ultrasecreto llamado Proyecto Aurora.
Toda la sala quedó en silencio.
—Encontramos un meteorito con una energía desconocida. El gobierno intentó utilizarlo para crear soldados con habilidades extraordinarias.
El científico abrió los ojos con horror.
—¿Entonces los niños…?
—Nunca debieron existir.
En la montaña, la madre escuchaba el ruido de los helicópteros que seguían rodeando la casa.
Respiró profundamente.
—Yo era una de las investigadoras del Proyecto Aurora.
Los diez hermanos quedaron completamente inmóviles.
Ella nunca les había contado la verdad.
—Cuando descubrimos que los experimentos estaban destruyendo vidas inocentes, robé el núcleo del meteorito y escapé.
Miró a cada uno de sus hijos.
—Vosotros nacisteis años después… y heredasteis su energía sin que nadie os sometiera a experimentos.
El hermano menor apretó los puños.
—¿Por eso nos persiguen?
La madre asintió.
—No quieren proteger al mundo.
Quieren volver a utilizar vuestro poder.
En ese momento, todas las pantallas de la base militar comenzaron a fallar.
Una transmisión desconocida sustituyó la imagen de la montaña.
Apareció el rostro de un anciano vestido con un uniforme completamente negro.
El general se puso de pie de golpe.
—No puede ser… usted murió hace quince años.
El anciano sonrió.
—Eso era lo que necesitaba que todos creyeran.
Los científicos quedaron paralizados.
—El Proyecto Aurora nunca fue cancelado.
Solo pasó a manos de una organización más poderosa.
El anciano miró directamente a la cámara.
—Y los diez hijos de la familia Lu no son el objetivo final.
Son únicamente… la primera generación.
Detrás de él comenzaron a aparecer decenas de jóvenes que también flotaban en el aire.
El científico dejó caer la carpeta que llevaba en las manos.
No existían diez personas con aquel poder.
Existían cientos.
Y la guerra que todos temían llevaba años preparándose en secreto.