PARTE 2: EL VERDADERO SECRETARIO.

La madre tomó la credencial con manos temblorosas.

La observó una y otra vez.

El sello dorado de la corporación era auténtico.

Su expresión cambió por completo.

—¿Usted… es el Presidente?

El hombre sonrió con cortesía.

—Así es.

La mujer dio un paso atrás, avergonzada.

—Perdóneme… pensé que era un delincuente.

Suwan soltó un profundo suspiro de alivio.

Creía que todo había terminado.

Pero el Presidente negó lentamente con la cabeza.

—En realidad, yo no vine como Presidente.

Las dos mujeres lo miraron sin comprender.

Él sacó otra identificación de su cartera.

Esta vez no llevaba su fotografía corporativa.

Solo aparecía un nombre.

“Secretario Ejecutivo Especial”.

—Durante los últimos seis meses he trabajado con una identidad falsa.

Suwan abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué?

—Necesitaba descubrir quién estaba robando información dentro de mi empresa.

La madre frunció el ceño.

—¿Y qué tiene que ver mi hija?

El Presidente miró fijamente a Suwan.

—Ella fue la única empleada que nunca aceptó dinero para traicionar a la compañía.

El silencio llenó la habitación.

Suwan recordó las extrañas pruebas, los encargos imposibles y las largas noches de trabajo.

Todo había sido un examen.

En ese momento sonó el teléfono del Presidente.

Contestó sin apartar la mirada de ella.

Su expresión cambió de inmediato.

—¿Están seguros?

Colgó lentamente.

—Encontraron al responsable.

Suwan sonrió aliviada.

—Entonces todo terminó.

Él negó con la cabeza.

—No.

Sacó una fotografía de su maletín.

Al verla, Suwan sintió que el mundo se detenía.

En la imagen aparecía su propio hermano mayor entrando de madrugada en la oficina de archivos confidenciales.

—Eso no puede ser…

El Presidente habló con voz serena.

—Las cámaras muestran que él copiaba documentos para alguien.

La madre rompió a llorar.

—Mi hijo jamás haría algo así.

—Yo también esperaba equivocarme.

En ese instante llamaron con fuerza a la puerta.

Tres agentes de la fiscalía entraron acompañados por el jefe de seguridad de la empresa.

—Señor Presidente, el sospechoso ha escapado.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, un disparo atravesó la ventana.

El cristal estalló en miles de fragmentos.

El Presidente protegió a Suwan con su propio cuerpo.

Los escoltas irrumpieron inmediatamente en la habitación.

Pero el atacante ya había desaparecido.

Sobre el alféizar de la ventana solo quedó un sobre negro.

Dentro había una única fotografía.

Mostraba al Presidente cuando era apenas un niño.

A su lado aparecía un hombre cuya cara había sido tachada con tinta roja.

En la parte inferior podía leerse una frase escrita a mano.

“No busques más. El verdadero secretario siempre estuvo sentado a tu derecha.”

El Presidente palideció.

Porque comprendió que el traidor no era un simple empleado.

Era la persona en la que había confiado durante más de veinte años.

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