PARTE 2
Mateo esperó hasta escuchar el coche de su madre alejándose.
Después ayudó a Valeria a sentarse en el sofá.
—Tenemos que ir al hospital —dijo con la voz quebrada.
—Antes mira detrás del reloj.
Mateo frunció el ceño.
Valeria señaló la pared con una mano temblorosa.
Él retiró el antiguo reloj de madera y encontró una diminuta cámara escondida entre los cables.
—La instalé hace dos semanas —confesó ella—. Sabía que nadie creería mi palabra.
Mateo extrajo la tarjeta de memoria.
Sus ojos se llenaron de rabia al revisar las grabaciones.
En una de ellas, Elena empujaba a Valeria.
En otra, cambiaba sus vitaminas por unas cápsulas desconocidas.
—Mi madre estaba manipulando tus medicamentos.
Mateo llamó inmediatamente a emergencias.
Horas después, los médicos confirmaron que Valeria y el bebé estaban fuera de peligro. También descubrieron que las cápsulas contenían una sustancia capaz de provocarle graves complicaciones.
Mateo entregó las grabaciones a la policía.
Sin embargo, cuando los agentes llegaron a buscar a Elena, ella ya había desaparecido.
—Alguien la avisó —dijo el inspector.
Mateo negó lentamente.
—Nadie sabía lo de la cámara.
Valeria recordó entonces algo inquietante.
Antes de marcharse, Elena había mirado directamente hacia el reloj.
Aquella mujer siempre supo que estaba siendo grabada.
Dos días después, Mateo recibió un mensaje anónimo:
“Si denuncias a tu madre, saldrá a la luz que el bebé no es tuyo.”
Valeria palideció al leerlo.
—Eso es mentira.
Mateo no respondió.
Sacó de su bolsillo un informe de laboratorio.
—Mi madre me dio esto hace un mes.
El documento afirmaba que Mateo no podía ser el padre.
Valeria lo miró completamente destruida.
—¿Y le creíste?
—No sabía qué pensar.
Ella retrocedió, comprendiendo la verdadera traición.
Durante semanas, Mateo había fingido protegerla mientras investigaba en secreto la paternidad del bebé.
—Por eso nunca enfrentaste realmente a tu madre.
—Necesitaba pruebas.
—No —susurró Valeria—. Necesitabas confiar en tu esposa.
En ese momento, el inspector regresó con una nueva información.
El laboratorio que había firmado aquel informe no existía.
Todo había sido falsificado.
Mateo cerró los ojos, avergonzado.
Pero la noticia más grave llegó después.
La policía había rastreado el teléfono de Elena.
La última llamada antes de su desaparición había sido realizada desde el móvil de Mateo.

Valeria lo miró horrorizada.
—¿Tú la ayudaste a escapar?
Mateo levantó la cabeza.
—No hice esa llamada.
Entonces el teléfono de Valeria comenzó a sonar.
Era una videollamada de Elena.
La anciana apareció sonriendo desde una habitación desconocida.
—Ahora ya sabes que tu marido también te ha mentido.
Detrás de ella se veía una fotografía familiar.
En la imagen, Mateo abrazaba a otra mujer embarazada.