PARTE 2: LA GRABACIÓN ESCONDIDA EN EL VESTIDO REVELÓ QUE LUCÍA NO HABÍA ACTUADO SOLA AQUELLA NOCHE

PARTE 2

Las puertas del salón se abrieron de golpe.

Dos agentes entraron acompañados por una inspectora de mirada severa.

—Lucía Valdés, queda detenida por su posible participación en la muerte de Isabel Montenegro.

Los invitados retrocedieron.

Lucía forcejeó contra el guardia.

—¡Ese microchip no demuestra nada! ¡La grabación puede estar manipulada!

Elena sacó la tarjeta de memoria de su bolsillo.

—Mi madre la escondió dentro del vestido porque sabía que registrarías toda la casa.

La inspectora tomó la prueba con cuidado.

—Será analizada inmediatamente.

Lucía miró a Elena con odio.

—Tu madre estaba enferma. Veía enemigos en todas partes.

—Entonces no deberías tener miedo de escuchar lo que grabó.

Un técnico conectó el chip al sistema de sonido del salón.

La voz de Isabel llenó la estancia.

—Si alguien encuentra esta grabación, significa que Lucía ya ha comenzado su plan.

Todos quedaron inmóviles.

Después se escuchó una conversación.

Lucía hablaba con un hombre.

—Cuando Isabel firme la cesión, cambiaremos sus medicamentos. Nadie sospechará de una muerte natural.

El rostro de la madrastra se descompuso.

Pero la voz masculina provocó un impacto aún mayor.

El padre de Elena avanzó desde el fondo del salón.

—Ese hombre… soy yo.

Elena lo miró horrorizada.

—¿Tú participaste?

Él negó con desesperación.

—No sabía que pretendía matarla. Lucía me aseguró que solo querían declararla incapaz para proteger la empresa.

La grabación continuó.

—Tu hija heredará demasiado poder —decía Lucía—. Convéncela de que Elena no merece nada y todo quedará bajo nuestro control.

Elena sintió que las piernas le fallaban.

Su propio padre había conocido el plan para despojar a su madre.

Tal vez no había participado directamente en el crimen, pero había guardado silencio durante años.

—¿Por qué nunca dijiste nada? —preguntó con lágrimas de rabia.

Él bajó la cabeza.

—Tuve miedo de perderlo todo.

—Y por conservar tu fortuna me dejaste vivir con la mujer que destruyó a mi madre.

Lucía soltó una carcajada amarga.

—No seas tan ingenua, Elena. Tu padre no fue una víctima. Él firmó cada documento.

La inspectora hizo una señal.

Otro agente se acercó al hombre.

—También tendrá que acompañarnos para declarar.

Él miró a Elena buscando ayuda.

—Soy tu padre.

Ella retrocedió.

—Mi madre también era tu familia y la abandonaste cuando más te necesitaba.

Los agentes esposaron a Lucía.

Sin embargo, antes de salir, la madrastra observó el vestido manchado.

—Tu madre no escondió solo una grabación.

Elena frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Revisa la manga izquierda.

Con manos temblorosas, Elena descosió el puño.

Dentro encontró una pequeña llave plateada y una nota escrita por Isabel:

“La prueba definitiva está donde Lucía construyó su imperio.”

Elena reconoció el símbolo grabado en la llave.

Pertenecía a la caja fuerte del despacho principal de la empresa familiar.

Horas después, acompañada por la inspectora, entró en aquel despacho.

La llave abrió un compartimento oculto detrás de un retrato.

Dentro había contratos falsificados, fotografías y una lista de pagos realizados después de la muerte de su madre.

Pero el documento más importante era una copia del testamento original.

Isabel había dejado toda la empresa a Elena.

Lucía había falsificado una nueva versión para apropiarse de las acciones.

—Con esto recuperará legalmente el control —dijo la inspectora.

Elena apenas escuchaba.

Entre los papeles había una fotografía reciente.

En ella aparecía Lucía reunida con un hombre al que Elena conocía perfectamente.

Era el abogado que había administrado la herencia durante todos aquellos años.

En la parte posterior estaba escrito:

“Si Lucía cae, activa el segundo testamento.”

En ese instante, el teléfono del despacho comenzó a sonar.

Elena contestó.

La voz del abogado llegó desde el otro lado.

—Tu madrastra solo era la cara visible del plan.

—¿Dónde estás?

—Muy cerca.

Las luces del edificio se apagaron.

La puerta del despacho quedó bloqueada automáticamente.

La inspectora intentó pedir refuerzos, pero no había señal.

Entonces una pantalla se encendió frente a Elena.

Apareció el rostro del abogado.

—Tu madre escondió demasiados secretos en ese vestido —dijo con una sonrisa fría—. Ahora tendrás que decidir cuánto estás dispuesta a perder para conservar la verdad.

Elena apretó la llave en su mano.

Lucía había sido detenida.

Pero la persona que había planeado la traición seguía libre.

Y acababa de encerrarla dentro del mismo imperio que perteneció a su madre.

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