PARTE 2: LA TRAICIÓN QUE SACUDIÓ A TODO EL TRIBUNAL.

El silencio se apoderó de la sala.

Nadie se movía.

Los guardias cerraron todas las puertas mientras el juez revisaba una vez más el informe de ADN.

Finalmente levantó la vista.

—Las pruebas preliminares coinciden. La identidad de Shen Jing Yao deberá ser reconocida hasta que concluya la verificación oficial.

Un murmullo recorrió el tribunal.

El hombre sentado en la galería perdió completamente el color del rostro.

Era Li Wei.

El prometido que había declarado en su contra.

Shen Jing Yao lo miró fijamente.

—¿Por qué lo hiciste?

Li Wei bajó la cabeza.

No fue capaz de responder.

En ese momento, el abogado defensor sacó una segunda carpeta.

—Su Señoría, aún no hemos terminado.

Colocó varios documentos sobre la mesa del juez.

—Hace tres años, cuando la señorita Shen desapareció, todas sus acciones empresariales fueron transferidas mediante un poder notarial firmado el mismo día de su detención.

El juez frunció el ceño.

—¿Está insinuando que la acusación fue preparada para apoderarse de su patrimonio?

—No lo insinuamos.

El abogado señaló directamente a uno de los asistentes del fiscal.

—Lo demostramos.

El hombre intentó abandonar discretamente la sala.

Dos agentes le bloquearon el paso.

Dentro de la carpeta aparecían transferencias bancarias, llamadas telefónicas y contratos firmados entre aquel hombre y el exdirector financiero del Grupo Shen.

Todo había sido planeado.

La falsa acusación.

La desaparición de la heredera.

Y la venta ilegal de parte de la empresa.

Li Wei rompió a llorar.

—Yo… nunca quise que llegara tan lejos.

Todos volvieron la mirada hacia él.

—Me dijeron que Jing Yao había robado dinero de la empresa. Amenazaron con matar a mi madre si no declaraba contra ella.

Shen Jing Yao cerró los ojos.

La traición seguía doliendo.

Pero comprendió que él también había sido utilizado.

Entonces el juez recibió un sobre entregado por un funcionario judicial.

Lo abrió lentamente.

Dentro había el resultado definitivo de la prueba genética.

Leyó el documento durante unos segundos.

Después golpeó el mazo.

—Queda plenamente acreditado que la acusada es Shen Jing Yao, única heredera legítima del Grupo Shen.

La sala estalló en exclamaciones.

Pero el juez aún no había terminado.

—Y existe un hecho aún más grave.

Todos guardaron silencio.

—Las huellas encontradas en la escena del supuesto crimen no pertenecen a la señora Shen.

Pertenecen a otra persona.

El juez levantó la mirada hacia la primera fila del público.

—Procedan a detener al señor Shen Guotao.

Un hombre de unos sesenta años intentó levantarse.

Era el tío de Jing Yao.

También era quien había dirigido la empresa durante su desaparición.

Los agentes lo esposaron inmediatamente.

Antes de ser sacado de la sala, sonrió con una tranquilidad inquietante.

—Aunque me arresten… ya es demasiado tarde.

El abogado defensor frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Shen Guotao soltó una carcajada.

—La empresa ya no existe.

Hace una hora firmé la venta de todos los activos a una sociedad extranjera.

Jing Yao sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Había recuperado su nombre y su libertad.

Pero el imperio que debía heredar acababa de desaparecer.

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