PARTE 2
—¡Adrián, no comas nada!
La voz atravesó la celda con una fuerza inesperada.
El joven dejó caer el cubierto.
El hombre alto giró lentamente hacia la puerta, pero ya era demasiado tarde.
Una mujer vestida con uniforme de guardia apareció en el umbral. Sostenía una tarjeta magnética y apuntaba con una linterna directamente a los ojos del vigilante.
—Aléjate de él, Vargas.
El hombre alto sonrió.
—Pensé que habías muerto.
—Eso fue lo que quisieron que todos creyeran.
Adrián reconoció a la mujer de inmediato.
Era Lucía, su hermana mayor.
Había desaparecido tres años atrás después de investigar la prisión clandestina que funcionaba debajo de una antigua fábrica abandonada.
—Lucía… —murmuró él, incapaz de creerlo.
Ella entró rápidamente y cerró la puerta.
—No tenemos mucho tiempo. Los guardias cambiarán de turno en cinco minutos.
Vargas golpeó la mesa con el puño.
—No saldréis vivos.
Lucía activó un pequeño dispositivo.
Las cadenas de Adrián se abrieron.
El joven se levantó con dificultad y se alejó del plato.
—¿Qué era eso? —preguntó señalándolo.
Lucía observó la comida y negó lentamente.
—No era lo que querían que pensaras.
Vargas dejó de sonreír.
La supuesta carne humana era una mezcla preparada para aterrorizar a los prisioneros. Los responsables difundían rumores, provocaban desapariciones y utilizaban el miedo para obligarlos a obedecer.
—La regla más cruel no consiste en comer —explicó Lucía—. Consiste en hacer que cada preso crea que ha destruido a otro ser humano.
Adrián sintió que el aire regresaba a sus pulmones.
Su compañero podía seguir vivo.
—¿Dónde está Marcos?
Lucía miró hacia el pasillo.
—En la zona de aislamiento. Lo castigaron porque descubrió las cámaras.
Vargas intentó abalanzarse sobre ella.
Adrián reaccionó y empujó la mesa entre ambos.
Lucía aprovechó el instante para sacar unas esposas y sujetar al vigilante a una tubería.
—Esto no cambiará nada —gruñó Vargas—. El director controla todas las salidas.
—No he venido sola.
Lucía abrió una pequeña pantalla instalada en su muñeca.
En ella aparecían imágenes de varias unidades policiales avanzando por los túneles.
Durante los últimos tres años había fingido trabajar para la organización mientras recopilaba pruebas sobre secuestros, extorsiones y experimentos ilegales realizados con los reclusos.
Adrián la miró con dolor.
—¿Por qué nunca me dijiste que estabas viva?
—Porque descubrieron quién era mi familia. Tu secuestro fue una advertencia para obligarme a entregar las pruebas.
Ella sacó una memoria cifrada.
—Pero cometieron un error. Te encerraron justo en el lugar donde necesitaba entrar.
Una alarma comenzó a resonar en toda la prisión.
Las luces rojas iluminaron el pasillo.
—Nos han descubierto —dijo Adrián.
Lucía abrió la puerta.
Decenas de prisioneros gritaban desde sus celdas mientras varios guardias corrían hacia la salida principal.
Los hermanos avanzaron hasta la sala de aislamiento y encontraron a Marcos encerrado detrás de una reja.
Estaba débil, pero consciente.
—Sabía que vendrías —dijo al ver a Adrián.
Lucía abrió la celda.
—Tenemos que liberar a todos antes de que activen el protocolo final.
—¿Qué protocolo? —preguntó Adrián.
Marcos señaló las tuberías del techo.
—El director piensa inundar los túneles para destruir las pruebas.
Un temblor recorrió el suelo.
El agua comenzó a filtrarse por las paredes.
Los tres corrieron hacia la sala de control.
Cuando llegaron, encontraron al director esperándolos frente a un enorme panel.
Era un hombre de cabello blanco y expresión tranquila.
—Lucía —dijo—. Siempre supe que acabarías regresando.
Ella levantó la memoria.
—Todo ha sido enviado a las autoridades.
El director soltó una carcajada.
—¿Crees que esta prisión pertenece a una sola persona?
Presionó un botón.
Las pantallas se encendieron.
En ellas aparecieron políticos, empresarios y altos funcionarios observando lo que ocurría desde diferentes lugares.

Adrián comprendió entonces la verdadera magnitud del secreto.
Aquella prisión no era únicamente un negocio clandestino.
Era un lugar donde personas poderosas encerraban a quienes podían revelar sus crímenes.
—Mi padre estuvo aquí —murmuró Adrián.
El director lo miró con interés.
—Tu padre fue quien diseñó la primera versión de este lugar.
Lucía negó con la cabeza.
—Eso es mentira.
—Pregúntale por qué desapareció antes de que tú comenzaras a investigar.
En la pantalla central apareció una grabación antigua.
El padre de ambos caminaba junto al director por aquellos mismos pasillos.
En su mano llevaba los planos originales de la prisión.
Adrián miró a su hermana.
—¿Tú sabías esto?
Lucía no respondió.
El silencio fue suficiente.
La persona que había jurado rescatarlo no solo conocía el origen de la prisión.
También había ocultado durante años que su propia familia ayudó a construirla.