PARTE 2: EL NOMBRE PROHIBIDO

PARTE 2

El corazón de Elena comenzó a latir con una fuerza desesperada.

Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse por completo.

El sonido de la lluvia desapareció.

Incluso las voces de los policías quedaron sepultadas bajo el peso de aquellas palabras.

—¿Quién te envió? —preguntó con la voz temblorosa.

La niñera levantó lentamente la cabeza.

Una sonrisa extraña volvió a dibujarse en su rostro.

Ya no era una sonrisa desafiante.

Era la expresión de alguien convencido de que todavía conservaba una última carta.

—Si hablo aquí… muchos perderán mucho más que yo.

El oficial dio un paso al frente.

—Todo lo que diga podrá ser utilizado durante la investigación.

La mujer soltó una breve carcajada.

—La investigación apenas está empezando.

Elena sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

No entendía por qué aquella desconocida seguía comportándose como si tuviera el control.

Uno de los agentes tomó las esposas.

—Queda detenida por presuntos delitos de maltrato infantil.

Cuando el metal rodeó sus muñecas, la mujer dejó de resistirse.

Parecía esperar exactamente ese momento.

Antes de salir de la casa, giró lentamente la cabeza hacia Elena.

—Revisa la habitación de tu marido.

Las palabras cayeron como una piedra sobre el silencio.

Elena abrió los ojos con incredulidad.

—¿Qué acabas de decir?

La niñera no respondió.

Solo caminó escoltada hacia la puerta principal.

La lluvia golpeaba con violencia el suelo del jardín mientras el vehículo policial esperaba con las luces encendidas.

Cuando desapareció entre la tormenta, Elena permaneció inmóvil.

Su respiración era cada vez más rápida.

Uno de los oficiales se acercó con respeto.

—Señora, necesitaremos copiar las grabaciones de las cámaras.

Ella asintió sin apartar la vista de la puerta.

Mientras los agentes recogían las pruebas, una única frase no dejaba de repetirse dentro de su cabeza.

“Revisa la habitación de tu marido.”

Era absurdo.

Su esposo, Daniel, llevaba una semana de viaje por trabajo.

Siempre había sido un padre cariñoso.

Jamás había mostrado una actitud sospechosa.

Sin embargo…

Había algo que llevaba meses inquietándola.

Recordó las llamadas que él contestaba en voz baja.

Las reuniones inesperadas.

Los mensajes que borraba apenas llegaban.

Hasta ese momento había decidido confiar.

Ahora, por primera vez, comenzó a dudar.

Subió lentamente las escaleras.

Cada peldaño parecía pesar toneladas.

Entró primero en la habitación de Sofía.

La pequeña seguía dormida abrazando su oso de peluche.

Elena besó suavemente su frente.

—Nunca volverán a hacerte daño, mi amor.

Después salió al pasillo.

Frente a ella estaba el dormitorio principal.

Empujó la puerta con lentitud.

Todo parecía perfectamente ordenado.

La cama.

El escritorio.

El armario.

Nada fuera de lugar.

Estuvo a punto de marcharse cuando recordó una antigua caja fuerte escondida detrás de un cuadro.

Daniel le había dicho años atrás que solo guardaba documentos fiscales.

Movida por una intuición imposible de ignorar, retiró el cuadro de la pared.

La caja seguía allí.

Sorprendentemente, estaba abierta.

Elena frunció el ceño.

Eso nunca ocurría.

Con manos temblorosas abrió la puerta metálica.

En el interior no había dinero.

Tampoco joyas.

Solo una carpeta negra sin ninguna inscripción.

La tomó lentamente.

Al abrirla, varias fotografías cayeron sobre el suelo.

Las recogió una por una.

En la primera aparecía Sofía jugando en el parque.

En la segunda, la entrada de la escuela infantil.

En la tercera…

Elena sintió que la sangre abandonaba su rostro.

Era la misma niñera.

Pero no estaba sola.

Sonreía junto a Daniel frente a una cafetería, varios meses antes de que ella comenzara a trabajar en la casa.

Aquella fotografía tenía una fecha impresa en la esquina inferior.

Habían pasado exactamente ciento ochenta y cuatro días desde aquel encuentro.

Mucho antes de que Elena siquiera conociera a la mujer.

Con las manos temblando, abrió la última hoja de la carpeta.

Solo había una frase escrita con tinta azul.

“Plan de acceso a la familia completado.”

En ese mismo instante, el teléfono de Elena comenzó a sonar.

En la pantalla apareció un nombre que jamás esperaba ver.

Daniel.

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