PARTE 2 — EL NOMBRE QUE LO CAMBIÓ TODO

El testigo respiró profundamente antes de hablar.

Toda la sala permanecía en un silencio absoluto.

Ni siquiera el sonido del aire acondicionado parecía existir.

Mateo sonreía con arrogancia.

Seguía convencido de que nadie tendría el valor suficiente para enfrentarlo.

El hombre levantó lentamente la mirada.

Sus ojos se encontraron con los de Valeria.

Ella sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

Lo conocía.

Había trabajado durante años como director financiero de la empresa familiar.

Desapareció misteriosamente después de descubrir ciertas irregularidades.

Todos creían que había huido del país.

Pero estaba allí.

Frente al tribunal.

Dispuesto a contarlo todo.

—Mi nombre es Ricardo Salas.

Su voz sonó firme.

—Y durante ocho años participé en el encubrimiento de una organización criminal dirigida desde el interior de esta familia.

Un murmullo recorrió inmediatamente la sala.

Lucía perdió por completo la sonrisa.

Andrés apretó con fuerza la mano de Valeria.

El abogado de Mateo se levantó de inmediato.

—¡Objeción!

—El testigo está realizando acusaciones sin fundamento.

El juez golpeó el mazo.

—Si tiene pruebas, continúe.

Ricardo abrió una gruesa carpeta.

Sacó varios contratos originales.

También mostró transferencias bancarias, empresas fantasma y documentos firmados por distintos miembros de la organización.

Las pantallas del tribunal comenzaron a proyectar cada uno de los archivos.

El rostro de Mateo cambió por primera vez.

Su confianza comenzó a desmoronarse.

—Todas estas compañías fueron creadas para desviar millones de dólares provenientes de contratos públicos.

Ricardo pasó lentamente otra página.

—Pero ese fraude nunca fue el verdadero negocio.

Valeria sintió que el corazón dejaba de latir.

Ella conocía esa expresión.

Era la misma que había visto la noche en que recibió las amenazas anónimas.

Ricardo levantó un sobre amarillo sellado.

—Aquí está la lista completa de las personas que fueron sobornadas para guardar silencio.

Lucía dio un paso hacia atrás.

Intentó abandonar discretamente la sala.

—Señora Lucía.

La voz del juez la detuvo.

Todos giraron para observarla.

El secretario judicial acababa de cerrar las puertas del tribunal.

Nadie podía salir.

Mateo golpeó la mesa con furia.

—¡Todo esto es un montaje!

Ricardo negó lentamente con la cabeza.

—No.

El verdadero montaje comenzó hace siete años, cuando decidieron eliminar a cualquiera que descubriera la verdad.

El ambiente se volvió completamente tenso.

Valeria observó el último documento que Ricardo sostenía entre las manos.

Era un expediente mucho más grueso que los anteriores.

El hombre respiró profundamente.

—Hasta hoy oculté este archivo porque tenía miedo por mi familia.

Hizo una breve pausa.

Luego miró directamente al juez.

—Pero ya no pienso callar.

Abrió lentamente la primera página.

Cuando todos vieron la fotografía que aparecía en la portada, el rostro de Mateo quedó completamente pálido.

Porque la imagen demostraba que la persona que dirigía toda la organización nunca había sido él.

LA VERDADERA JEFA DE LA ORGANIZACIÓN

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