PARTE 2 — LA VERDAD DETRÁS DE LA TRAMPA

Valeria quedó paralizada.

La bolsa con los billetes seguía goteando agua sobre el pavimento.

La madre de Mateo sonreía como si hubiera ganado un juego.

—¿La estaban buscando?

Agitó la bolsa lentamente frente a ellos.

El esposo de Valeria dio un paso al frente.

—¿Cómo llegó eso a tus manos?

La mujer soltó una carcajada.

—Mi hijo solo la empujó al río.

Yo fui quien la sacó después.

Valeria sintió que algo no encajaba.

—Entonces… ¿por qué no nos la devolviste?

La sonrisa desapareció del rostro de aquella mujer.

—Porque quería ver hasta dónde eran capaces de llegar.

En ese momento, los hombres vestidos de negro aparecieron al final del callejón.

Eran cinco.

Todos caminaban lentamente.

El líder llevaba una fotografía en la mano.

Al verla, Valeria sintió que la sangre se le helaba.

Era la fotografía de su esposo.

—Se acabó el tiempo.

El hombre guardó la imagen en el bolsillo.

—Nuestro jefe quiere su dinero.

El esposo de Valeria escondió discretamente a su mujer detrás de él.

La madre de Mateo observaba la escena con absoluta tranquilidad.

Ni siquiera parecía asustada.

Entonces ocurrió algo inesperado.

El jefe de los cobradores se acercó hasta ella.

Bajó ligeramente la cabeza.

—Señora.

Todo el callejón quedó en silencio.

Valeria abrió los ojos con incredulidad.

Aquella mujer conocía a los mafiosos.

Y ellos la trataban con respeto.

—Entréguenme la bolsa.

Ordenó ella con absoluta calma.

Uno de los hombres tomó el dinero de sus manos.

Valeria comprendió de inmediato que todo había sido preparado.

El accidente del parque.

Las provocaciones.

La aparición de los cobradores.

Nada había sido una casualidad.

—¿Por qué hacen esto?

Preguntó con la voz quebrada.

La mujer la miró fijamente.

—Porque tu esposo nos pertenece desde hace mucho tiempo.

Valeria giró lentamente hacia él.

Su marido bajó la cabeza.

No pudo sostener su mirada.

—Perdóname…

Susurró con enorme vergüenza.

—Hace dos años pedí dinero prestado para pagar la operación de mi hermana.

Nunca pude devolverlo.

Valeria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Él jamás le había contado aquella historia.

Los cobradores comenzaron a rodearlos.

El líder sacó unas esposas metálicas.

—Nuestro jefe quiere verlo esta misma noche.

La madre de Mateo sonrió satisfecha.

Creía que todo había terminado.

Pero en ese instante se escuchó el potente ruido de varios vehículos acercándose al callejón.

Tres camionetas negras bloquearon ambas salidas.

De ellas descendieron hombres vestidos con trajes elegantes.

El que iba al frente caminó directamente hacia Valeria.

Luego inclinó respetuosamente la cabeza.

—Señora…

Hemos tardado demasiado en encontrarla.

La madre de Mateo dejó caer la sonrisa.

Porque acababa de reconocer al hombre que acababa de llegar.

Era el jefe al que incluso la propia mafia obedecía.

LA MUJER A LA QUE TODOS TEMÍAN

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