Molly apenas había llegado al final del pasillo.
Las lágrimas nublaban por completo su vista.
Detrás de ella, el monitor cardíaco comenzó a emitir un sonido agudo.
Hudson se llevó una mano al pecho.
Respiraba con enorme dificultad.
Los médicos entraron corriendo en la habitación.
—¡Todos afuera!
Chillan retrocedió unos pasos.
Pero antes de salir, una enfermera lo detuvo.
—¿Usted es el familiar que trajo el historial médico?
Chillan asintió.
La enfermera frunció el ceño.
—Hay algo que no coincide.
Él sintió un escalofrío.
—¿A qué se refiere?
La enfermera levantó una carpeta.
—El paciente recibió una transfusión hace cinco años.
—Pero aquí falta el nombre del donante.
Desde el pasillo, Molly escuchó aquellas palabras.
Se quedó completamente inmóvil.
Sabía exactamente quién era ese donante.
Chillan respondió de inmediato.
—Seguramente fue un error administrativo.
Pero la enfermera negó lentamente.
—No.
—Alguien arrancó esa página del expediente.
En ese instante apareció el médico jefe.
Llevaba una pequeña caja metálica en las manos.
—La encontramos entre las pertenencias antiguas del paciente.

—Creemos que le pertenece a alguno de ustedes.
Molly palideció.
Reconocía perfectamente aquella caja.
Dentro guardaba la única prueba que había prometido destruir.
Antes de que pudiera reaccionar, Hudson abrió la caja con manos temblorosas.
En el interior encontró una carta.
Y un informe médico firmado años atrás.
Comenzó a leer en voz alta.
—”El donante compatible fue Molly.”
Sus manos empezaron a temblar.
Continuó leyendo.
—”La intervención puso en grave riesgo su propia vida.”
Hudson levantó lentamente la mirada.
Las lágrimas llenaban sus ojos.
—¿Tú… me salvaste?
Molly ya no pudo seguir ocultándolo.
Asintió en silencio.
—Los médicos dijeron que solo uno de los dos podía sobrevivir si algo salía mal.
—Elegí que fueras tú.
Hudson sintió que el mundo se derrumbaba.
Durante años creyó que Chillan había sido quien permaneció a su lado.
Entonces abrió la última hoja del expediente.
Su expresión cambió por completo.
Allí aparecía otra firma.
No era la de Molly.
Era la de Chillan.
Junto a ella podía leerse una sola instrucción.
“Ocultar la identidad de la donante. Hudson jamás debe conocer la verdad.”
Hudson giró lentamente hacia Chillan.
—¿Fuiste tú quien me hizo creer que Molly nunca estuvo conmigo?
Chillan guardó silencio.
Ese silencio fue la respuesta que todos necesitaban.
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