Alejandro permaneció inmóvil con el sobre entre las manos.
Dentro había pasajes de avión, copias de un pasaporte falso y una cuenta bancaria abierta en el extranjero.
Todo estaba preparado para desaparecer.
Pero lo que más le dolió no fue descubrir la fuga.
Fue encontrar una fotografía.
Lucía aparecía abrazando a otro hombre mientras ambos sonreían frente a una casa de playa.
La imagen tenía apenas dos semanas.
Alejandro cerró los ojos por un instante.
Había pasado esos mismos días trabajando hasta la madrugada para pagar las deudas que ella decía tener.
En ese momento, el director de la empresa entró en la oficina.
—Alejandro, encontramos algo más.
El jefe de seguridad colocó un disco duro sobre la mesa.
—Estas grabaciones no estaban conectadas al sistema principal.
—Alguien intentó ocultarlas.
Las imágenes comenzaron a reproducirse.
Lucía no actuaba sola.
A medianoche, otro empleado abrió la caja fuerte con una segunda clave de acceso.
Alejandro frunció el ceño.
Conocía perfectamente a ese hombre.
Era Sergio.
Su mejor amigo desde la universidad.
El mismo que había sido padrino en su boda.
El silencio se volvió insoportable.

—No puede ser…
El director respiró profundamente.
—Llevaban meses desviando dinero de la empresa.
—Y todas las transferencias estaban siendo registradas para que parecieran hechas desde tu computadora.
Alejandro sintió un escalofrío.
No solo habían robado.
También habían preparado todas las pruebas para convertirlo en el principal responsable.
En ese instante sonó un teléfono.
Era el de Lucía.
Uno de los agentes respondió utilizando el altavoz.
—¿Ya resolviste lo del ingenuo de tu marido? —preguntó una voz masculina entre risas.
Toda la oficina quedó en silencio.
—Nuestro vuelo sale esta noche.
Alejandro reconoció inmediatamente aquella voz.
Era Sergio.
El hombre que durante años había compartido su mesa, su confianza y hasta las celebraciones familiares.
El director dio una orden inmediata.
—Cierren todos los accesos al aeropuerto.
—Nadie puede abandonar el país.
Sin embargo, uno de los agentes recibió una llamada urgente por el radio.
Su expresión cambió al instante.
—Señor…
—Llegamos demasiado tarde.
Todos levantaron la mirada.
—Hace diez minutos, Sergio ya abordó un avión privado.
Alejandro apretó los puños con rabia.
Pero el siguiente informe terminó de dejarlo sin palabras.
El avión no viajaba solo con Sergio.
Lucía nunca había tenido intención de escapar con él.
En realidad, ambos iban a reunirse con la persona que había organizado toda la estafa desde el principio.
Y ese nombre pertenecía a alguien de la propia familia de Alejandro.
Lee la Parte 3 abajo.