PARTE 2: EL IMPERIO QUE ÉL NUNCA DEBIÓ PERDER.

El salón permaneció en un silencio absoluto.

Nadie apartaba la mirada de Lin Wan.

El señor Gu sintió que el aire comenzaba a faltarle.

—Eso… eso no puede ser verdad.

El magnate sonrió con tranquilidad.

—Dentro de cinco minutos comenzará la junta de accionistas.

—Y todos ustedes conocerán oficialmente a la nueva presidenta.

Los directivos comenzaron a murmurar entre ellos.

Muchos ya habían oído rumores sobre la misteriosa inversionista que había comprado acciones de varias compañías durante el último año.

Nadie imaginó que se trataba de Lin Wan.

La prometida del señor Gu dio un paso al frente.

—¡Ella solo está mintiendo!

—¿Qué pruebas tiene?

Lin Wan abrió lentamente su bolso.

Sacó una carpeta azul y la entregó al presidente de la Cámara Empresarial.

El anciano revisó la documentación durante varios segundos.

Sus manos empezaron a temblar.

—Es auténtica…

Levantó la vista hacia todos los presentes.

—La señorita Lin posee el cincuenta y uno por ciento de las acciones del Grupo Gu.

El salón explotó en exclamaciones.

El señor Gu retrocedió dos pasos.

—¡Eso es imposible!

—¡Esas acciones pertenecían a mi familia!

Lin Wan lo miró con absoluta serenidad.

—Pertenecían.

—Hasta que las vendieron para financiar tus malas inversiones.

El hombre quedó completamente paralizado.

Durante años había firmado documentos sin leerlos.

Siempre creyó que alguien resolvería sus errores.

Nunca imaginó quién estaba comprando silenciosamente cada participación.

En ese momento apareció el antiguo secretario de su padre.

El anciano caminó lentamente hasta colocarse junto a Lin Wan.

—El viejo señor Gu dejó una carta antes de fallecer.

Todos guardaron silencio.

El secretario abrió el sobre sellado.

—”Si algún día mi hijo destruye todo lo que construí, entrega esta carta únicamente a la persona que nunca abandonó a esta familia cuando más la necesitábamos.”

El anciano levantó la mirada.

—Esa persona siempre fue Lin Wan.

El señor Gu sintió que las piernas dejaban de sostenerlo.

Jamás supo que su propio padre había confiado más en la mujer que él despreciaba que en su propio hijo.

Pero antes de que pudiera reaccionar, varios agentes financieros entraron al salón acompañados por funcionarios judiciales.

El líder mostró una orden oficial.

—Señor Gu.

—A partir de este momento queda suspendido de todas sus funciones como presidente del grupo.

El hombre respiró con dificultad.

Entonces el funcionario pronunció una frase que hizo palidecer incluso a Lin Wan.

—Y esta investigación no fue iniciada por la señorita Lin.

—Fue solicitada personalmente por su difunto padre meses antes de morir.

Lee la Parte 3 abajo.

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