Los guardias rodearon inmediatamente a las dos mujeres.
La lluvia seguía cayendo con fuerza sobre la terraza.
El prometido de Lucía la sostuvo por los hombros.
—¿Qué ha pasado?
Sofía lloraba desconsoladamente.
—¡Ella me lanzó el ácido! ¡Quería matarme!
Algunos familiares comenzaron a murmurar.
La madre de Sofía señaló a Lucía con el dedo.
—¡Siempre supe que escondías tu verdadera cara!
Lucía permaneció completamente tranquila.
No intentó defenderse.
Solo observó fijamente una pequeña luz roja que parpadeaba en una esquina del techo.
Después sonrió.
—Antes de acusarme… miren hacia arriba.
Todos levantaron la vista.
Sobre la puerta de la terraza había una cámara de seguridad.
El jefe de seguridad del edificio llegó pocos segundos después.
Extrajo la grabación del sistema.
La reprodujo delante de toda la familia.
Nadie apartó la mirada.
Las imágenes mostraban claramente a Sofía sacando el frasco de su bolso.
Después avanzaba directamente hacia Lucía.
Le gritaba con odio.
Y lanzaba el ácido contra su rostro.
Lucía únicamente esquivaba el ataque.
Sujetaba la muñeca de Sofía para impedir que el líquido la alcanzara.
El frasco escapaba de sus manos.
El ácido terminaba cayendo sobre la propia Sofía.
El silencio fue absoluto.
La madre de Sofía quedó completamente inmóvil.
El prometido de Lucía respiró profundamente.
—Acabas de intentar asesinarla.
Sofía comenzó a negar desesperadamente.
—¡No fue así!
Pero ya nadie la escuchaba.
En ese momento llegaron los agentes de policía.
Uno de ellos recogió cuidadosamente los restos del frasco.
Otro pidió revisar el bolso de Sofía.
Dentro encontraron unos guantes especiales resistentes a productos químicos.
También apareció un segundo frasco vacío.
El inspector frunció el ceño.
—Esto fue preparado con antelación.
No fue un impulso.

Mientras los agentes seguían revisando las pruebas, el jefe de seguridad interrumpió la inspección.
—Hay otra grabación.
No es de esta noche.
Es de hace diez días.
Todos observaron la nueva imagen.
En ella aparecía Sofía reuniéndose en secreto con un hombre dentro del estacionamiento del edificio.
Él le entregaba exactamente el mismo tipo de frasco.
Cuando el video enfocó su rostro, Lucía sintió que el corazón dejaba de latir por un instante.
Reconocía perfectamente a ese hombre.
Había sido el abogado de confianza de su difunto padre.
El mismo que desapareció el día en que cambió misteriosamente el testamento familiar.
Lucía comprendió que Sofía nunca había actuado sola.
El ataque con ácido solo era el primer movimiento de una conspiración preparada desde hacía muchos años para arrebatarle toda la herencia.
Lee la Parte 3.