Todo el autobús quedó en absoluto silencio.
El supuesto anciano dejó de fingir indignación.
Sus ojos ya no reflejaban fragilidad.
Solo miedo.
El joven sostuvo la vieja fotografía delante de todos.
En ella aparecía el mismo hombre.
Pero treinta años más joven.
Sin bastón.
Sin barba blanca.
Sin arrugas.
Varios pasajeros abrieron los ojos con asombro.
—Ese no puede ser usted…
El hombre dio un paso hacia atrás.
—No sé de qué estás hablando.
El joven guardó lentamente la fotografía.
—Claro que lo sabes.
Llevo cinco años buscándote.
El conductor cerró inmediatamente las puertas del autobús.
Nadie podía salir.
El supuesto anciano sujetó con fuerza la pesada maleta negra.
Intentó avanzar hacia la salida.
Pero dos pasajeros le bloquearon el paso.
—¿Qué ocurre aquí? —preguntó una mujer nerviosa.
El joven respiró profundamente.
—Hace cinco años este hombre desapareció después de estafar a decenas de familias haciéndose pasar por médico.
Un murmullo recorrió el autobús.
El anciano negó con desesperación.
—¡Está mintiendo!
Pero el joven sacó otra hoja doblada.
Era un cartel de búsqueda emitido por la policía.
La fotografía coincidía perfectamente con el rostro del supuesto anciano, solo que sin el maquillaje.
Los pasajeros comenzaron a alejarse de él.
El hombre comprendió que ya no podía seguir fingiendo.
Abandonó el bastón.
Se quitó lentamente la peluca blanca.
Después arrancó la barba postiza.
El silencio fue absoluto.
Frente a todos ya no había un anciano indefenso.
Había un hombre mucho más joven.
El conductor tomó inmediatamente el teléfono para llamar a la policía.
Al verse acorralado, el impostor abrazó con fuerza la maleta.
—¡Nadie se acerque!
El joven no retrocedió.
—Abre la maleta.
—¡Jamás!
Antes de que pudiera escapar, dos agentes que viajaban de civil en la parte trasera del autobús se identificaron.
Lo redujeron en pocos segundos.
Cuando abrieron la maleta, todos quedaron paralizados.
No estaba llena de ropa.
Había decenas de documentos de identidad falsificados.
Pelucas.
Prótesis de silicona.
Y varios fajos de dinero en efectivo.
Uno de los agentes revisó rápidamente el contenido.
Luego levantó la vista.
—Con esto entendemos cómo llevaba años cambiando de identidad.

Pero, en el doble fondo de la maleta, encontraron algo aún más inquietante.
Un sobre con varias fotografías.
El joven las tomó con manos temblorosas.
En la primera aparecía su padre.
En la segunda, su madre.
Y en la tercera, una niña de apenas ocho años.
Las tres imágenes tenían una gran cruz roja dibujada encima.
El joven sintió que la sangre se le helaba.
Porque aquella niña… era su hermana desaparecida hacía quince años.
Y al reverso de la última fotografía solo había una frase escrita con tinta negra.
“El siguiente objetivo ya está localizado.”
Lee la Parte 3.