PARTE 2: LA PRUEBA DE ADN QUE CAMBIÓ TODA MI EXISTENCIA.

El brillo del cuchillo reflejó la luz de la luna mientras Muyu avanzaba lentamente hacia mí.

Mi espalda chocó contra la barandilla del viejo balcón.

Bastaba un paso más para caer al vacío.

Sentía el corazón golpeándome el pecho con tanta fuerza que apenas podía respirar.

—¿De verdad piensas matarme? —pregunté sin apartar los ojos de ella.

Muyu apretó con más fuerza el mango del cuchillo.

Sus manos temblaban.

Había rabia en su mirada.

Pero también un dolor que nunca antes había visto.

—Si no hubieras vuelto, nada de esto estaría pasando.

Su voz terminó quebrándose.

Antes de que pudiera acercarse un paso más, Molly se interpuso entre las dos.

—¡Baja el cuchillo!

—¡Apártate! —gritó Muyu—. ¡Ella no tiene derecho a seguir viviendo en esta casa!

Miré nuevamente el informe de ADN que todavía sostenía entre las manos.

Mi nombre aparecía tachado.

En cambio, el de Muyu estaba marcado como la única heredera biológica de la familia.

Sentí que todo mi mundo comenzaba a desmoronarse.

—¿Entonces quién soy yo?

Nadie respondió.

El silencio resultó mucho más cruel que cualquier respuesta.

Me giré lentamente hacia Si Yue.

Él seguía junto a la puerta, incapaz de sostener mi mirada.

—Tú lo sabías desde el principio…

Bajó la cabeza.

—Sí.

Aquella única palabra me atravesó el alma.

—¿Cuánto tiempo llevas mintiéndome?

—Diez años.

Las piernas estuvieron a punto de fallarme.

Durante diez años todos habían compartido la misma mentira mientras yo seguía creyendo que aquella mansión era mi verdadero hogar.

Respiré profundamente.

—Quiero escuchar toda la verdad.

Molly cerró los ojos durante unos segundos.

Parecía estar librando una batalla consigo misma.

Finalmente habló.

—Ese informe solo cuenta una parte de la historia.

Fruncí el ceño.

—¿Qué significa eso?

Ella tomó lentamente el documento de mis manos.

—La prueba confirma que Muyu pertenece biológicamente a esta familia.

Hizo una breve pausa.

—Pero no demuestra que tú no pertenezcas.

La confundida expresión de Muyu reveló que ni siquiera ella conocía aquella parte de la historia.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó.

Molly respiró profundamente antes de continuar.

—Hace diez años hubo dos pruebas de ADN.

Toda la terraza quedó completamente en silencio.

—La primera desapareció.

—La segunda fue la única que quedó archivada oficialmente.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

—¿Quién hizo desaparecer la primera?

Molly levantó lentamente la mirada.

—No fui yo.

En ese instante, Si Yue dio un paso al frente.

Su rostro estaba completamente pálido.

—Fui yo.

Las palabras resonaron como un trueno.

Muyu abrió los ojos con incredulidad.

—¿Qué acabas de decir?

Él respiró con dificultad.

—Alguien me obligó.

—Si no destruía aquel informe… tú y ella habríais muerto esa misma noche.

Un silencio aterrador se apoderó del balcón.

Yo apenas podía procesar lo que acababa de escuchar.

—¿Quién te amenazó?

Si Yue negó lentamente con la cabeza.

—Pensé que me llevaría ese secreto a la tumba.

Sacó una pequeña llave antigua del bolsillo de su chaqueta.

La colocó sobre la mesa de madera.

—Existe una caja fuerte escondida en el sótano de esta mansión.

Todos dirigimos la mirada hacia aquella diminuta llave de bronce.

—Dentro está el verdadero expediente.

Molly dio un paso atrás completamente sorprendida.

—¿Todavía existe?

Si Yue asintió lentamente.

—Nunca me atreví a destruirlo.

Muyu dejó caer el cuchillo al suelo.

El metálico sonido rompió el silencio de la noche.

Por primera vez, el odio de su mirada comenzó a transformarse en miedo.

—Entonces… ¿ninguno de nosotros sabe realmente quién es el verdadero heredero?

Antes de que alguien pudiera responder, todas las luces de la mansión se apagaron al mismo tiempo.

La oscuridad envolvió por completo el balcón.

Un fuerte golpe retumbó desde el sótano.

Después se escuchó el inconfundible sonido de una pesada puerta metálica abriéndose sola.

Si Yue palideció de inmediato.

—Es imposible…

—¿Qué ocurre?

Él dio un paso hacia atrás con el rostro completamente descompuesto.

—Alguien acaba de abrir la caja fuerte… y esa llave solo existía en dos copias.

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