PARTE 2: LA VERDAD ARDÍA ENTRE LAS LLAMAS

El capitán de los bomberos observó la casa envuelta en fuego.

Cada segundo hacía que el rescate fuera más peligroso.

El joven señalaba desesperadamente hacia el segundo piso.

—¡Mi esposa y mi hijo están arriba!

Pero, desde el sótano, los golpes seguían escuchándose con claridad.

El anciano aún estaba vivo.

El capitán tomó una decisión inmediata.

—Equipo uno, al segundo piso.

—Equipo dos, al sótano.

Los rescatistas entraron al mismo tiempo.

Las llamas rugían con una fuerza aterradora.

El techo comenzaba a ceder.

Afuera, el joven caminaba de un lado a otro sin poder contener el miedo.

De pronto recordó las últimas palabras que había dicho a su padre.

“Vete ahora mismo al mismísimo infierno.”

Sintió un dolor insoportable en el pecho.

Si el anciano moría, jamás podría pedirle perdón.

En ese instante, dos bomberos salieron del humo cargando al niño.

Detrás de ellos apareció su esposa.

Estaban vivos.

El joven corrió a abrazarlos entre lágrimas.

Pero enseguida miró hacia la entrada.

—¿Y mi padre?

Nadie respondió.

Los segundos parecían eternos.

Finalmente, otro grupo emergió del sótano.

Llevaban al anciano inconsciente sobre una camilla.

El hijo cayó de rodillas.

Tomó la mano de su padre.

—Perdóname…

El anciano abrió lentamente los ojos.

Apenas podía respirar.

Sin embargo, reunió fuerzas para susurrar:

—Lo importante… es que ustedes están vivos.

El joven rompió a llorar.

Jamás imaginó recibir compasión del hombre al que acababa de abandonar.

Mientras los paramédicos atendían a la familia, una detective observaba atentamente los restos de la vivienda.

Algo llamó su atención.

La puerta del sótano tenía el candado completamente derretido.

Pero el mecanismo seguía cerrado desde fuera.

Eso significaba una sola cosa.

Alguien había encerrado al anciano antes de que comenzara el incendio.

La detective pidió que nadie abandonara el lugar.

Los peritos comenzaron a revisar las cámaras de seguridad instaladas en la propiedad.

Minutos después encontraron una grabación.

En ella aparecía una figura encapuchada entrando a la casa pocos minutos antes del fuego.

Llevaba un bidón de combustible.

Y conocía perfectamente la distribución de la mansión.

La detective mostró una imagen congelada al hijo.

—¿Reconoce a esta persona?

El joven observó unos segundos.

Su rostro perdió todo el color.

Porque distinguió un detalle imposible de confundir.

La persona llevaba el antiguo reloj familiar que él mismo había regalado semanas antes… a su propio cuñado.

Comprendió entonces que el incendio nunca fue un accidente.

Alguien había planeado eliminar a toda la familia para quedarse con la herencia.

Lee la Parte 3.

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