El salón permaneció completamente en silencio.
Nadie intentó detenerme.
Mi exprometido seguía mirando el anillo tirado sobre el mármol.
Su madre respiró con impaciencia.
—No hagas un escándalo por dinero.
Sonreí con tristeza.
—Nunca fue por dinero.
Levanté lentamente el documento del banco que todavía sostenía entre mis manos.
—Es por el respeto que ninguno de ustedes tuvo jamás.
Mi cuñada cruzó los brazos.
—Si de verdad nos quisieras, compartirías ese fondo con la familia.
La miré fijamente.
—Mi empresa no existe para pagar tus vacaciones.
Su sonrisa desapareció.
Mi hermano dio finalmente un paso al frente.
—Podemos devolvértelo después.
Negué lentamente con la cabeza.
—Llevo años escuchando ese “después”.
Nunca llega.
En ese momento entró el gerente del banco acompañado por un notario.
Varios invitados se volvieron hacia ellos sorprendidos.
El gerente me saludó respetuosamente.
—Señorita Isabel, traemos la documentación que solicitó esta mañana.
Mi exprometido frunció el ceño.
—¿Qué documentación?
El notario abrió una carpeta.
—La transferencia del fondo de emprendimiento ya fue ejecutada.
Mi cuñada sonrió con arrogancia.
—Perfecto.
Entonces sí podremos usar ese dinero.
El gerente negó con calma.
—Creo que no entendió.
El dinero no fue transferido a ninguna persona.
Fue invertido en la constitución legal de una nueva sociedad mercantil.
Sacó un certificado oficial.
—La empresa quedó registrada hace exactamente una hora.
Única propietaria y directora general…
Isabel Romero.
Mi exprometido abrió los ojos con incredulidad.
—¿Lo hiciste sin decirme?
Lo miré serenamente.
—Porque ya sospechaba que intentarían quitármelo.
La madre de él golpeó la mesa.
—¡Eso debía ser patrimonio familiar!
El notario respondió antes que yo.
—Legalmente jamás lo fue.
Todos los recursos provinieron exclusivamente de la cuenta personal de la señorita Romero antes del matrimonio.
Ningún tercero tiene derecho sobre ese capital.
Mi cuñada perdió completamente la paciencia.
—¡Arruinaste nuestra luna de miel!
Sonreí por primera vez.
—No.
La arruinó quien decidió planear un viaje con dinero ajeno.
En ese instante sonó el teléfono del gerente.
Escuchó unos segundos y luego levantó la vista.
—Hay otra noticia.
Acaba de aprobarse la financiación del proyecto empresarial de la señorita Romero.
Una importante firma de inversión acaba de adquirir el treinta por ciento de la empresa.

El salón quedó completamente inmóvil.
La inversión superaba el millón de dólares.
Mi exprometido sintió que las piernas le fallaban.
Comprendió que acababa de perder no solo a la mujer que siempre lo apoyó.
También perdió la oportunidad de formar parte de un proyecto que acababa de convertirse en una de las inversiones más prometedoras de la región.
Pero el notario aún no había terminado.
Sacó un segundo sobre sellado.
—Hay una cláusula adicional.
La firma inversora realizó una investigación previa.
Y descubrió que alguien intentó obtener fraudulentamente acceso al fondo de emprendimiento antes de la boda.
El nombre señalado en el informe hizo que mi hermano y mi cuñada perdieran el color del rostro.
Porque la denuncia ya había sido enviada a la fiscalía esa misma mañana.
Lee la Parte 3.