Mateo permanecía arrodillado mientras todo el restaurante guardaba un silencio absoluto.
El joven presidente ni siquiera volvió a mirarlo.
—Director, reúna inmediatamente a todos los gerentes.
La orden fue cumplida en cuestión de minutos.
Los principales ejecutivos llegaron apresuradamente al salón VIP.
Nadie entendía por qué el presidente había convocado una reunión de emergencia.
El joven dejó el delantal sobre una silla.
Después tomó una carpeta negra que su asistente acababa de traer.
—Hace seis meses comencé este experimento.
—Quería descubrir quién trabajaba con honestidad y quién solo respetaba el poder.
Todos bajaron la cabeza.
El presidente abrió lentamente la carpeta.
Dentro había fotografías, grabaciones y evaluaciones realizadas durante meses.
Cada gerente aparecía clasificado según su comportamiento con empleados, clientes y proveedores.
Mateo sintió un escalofrío.
Su nombre encabezaba la lista de las peores evaluaciones.
El director de Recursos Humanos tragó saliva.
—Señor… ¿todo esto fue preparado desde el principio?
El presidente asintió.

—Cada restaurante, cada oficina y cada hotel contaban con cámaras adicionales autorizadas por auditoría interna.
—Ninguno de ustedes sabía cuándo estaba siendo evaluado.
Los ejecutivos comenzaron a inquietarse.
Entonces el presidente sacó otro documento.
—Pero hoy descubrí algo mucho más grave que un caso de arrogancia.
Miró directamente a Mateo.
—Mientras fingías humillar a un becario…
—También estabas robando a la empresa.
El salón quedó completamente paralizado.
Mateo abrió los ojos con incredulidad.
—¡Eso es mentira!
El presidente deslizó varios estados de cuenta sobre la mesa.
Transferencias.
Facturas falsas.
Contratos con empresas fantasma.
Todo llevaba la firma electrónica de Mateo.
—Durante dos años desviaste millones utilizando proveedores inexistentes.
Sofía dio un paso hacia atrás.
—Yo… yo no sabía nada.
El presidente sonrió con frialdad.
—Sí lo sabías.
Sacó una fotografía donde ambos aparecían comprando una mansión utilizando una sociedad registrada a nombre de Sofía.
El color desapareció del rostro de la mujer.
En ese instante entraron varios agentes de la unidad de delitos financieros.
El oficial mostró una orden judicial.
—Señor Mateo, queda detenido por fraude, lavado de dinero y administración desleal.
Los guardias comenzaron a esposarlo.
Pero antes de salir, Mateo lanzó una carcajada inesperada.
Todos lo miraron sorprendidos.
—Creen que ganaron…
Levantó lentamente la cabeza.
—Yo solo era un empleado.
—El verdadero responsable está sentado en esta misma sala.
Todos dirigieron la mirada hacia los ejecutivos.
Uno de ellos comenzó a retroceder lentamente hacia la salida.
El presidente lo reconoció al instante.
Era el hombre en quien más había confiado durante los últimos diez años.
Lee la Parte 3 abajo.