Marcos dio un paso hacia la enorme mancha oscura del suelo.
Elena sintió que el mundo entero se detenía.
Su respiración era cada vez más rápida.
No podía permitir que él mirara detrás del sofá.
—¡Espera!
Su grito resonó en toda la sala.
Marcos giró lentamente la cabeza.
—¿Qué estás ocultando?
Ella bajó la mirada.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.
—No es lo que parece.
Marcos no respondió.
Rodeó lentamente el sofá.
Entonces quedó completamente inmóvil.
Detrás del mueble yacía un hombre vestido de negro.
Su camisa estaba manchada de sangre.
A un lado había una pistola con silenciador.
Marcos corrió hacia él.
Justo cuando iba a comprobar el pulso…
El supuesto cadáver abrió los ojos de golpe.
Sujetó con fuerza la muñeca de Marcos.
—No llamen a la policía…
Todavía nos están observando.
Marcos retrocedió sobresaltado.
Elena quedó paralizada.
El desconocido respiraba con dificultad.
Sacó una pequeña placa metálica escondida bajo su chaqueta.
—Agente de la División Especial.
Infiltrado.
El silencio se hizo absoluto.
Marcos miró a Elena.
—¿Lo conocías?
Ella negó rápidamente.
—Entró armado por la puerta trasera.
Pensé que quería matarnos.
Disparé para defenderme.
El agente cerró los ojos unos segundos.
—Hiciste lo correcto.
Si no hubieras disparado…
Yo ya estaría muerto.
Marcos no entendía nada.
—¿Quién intentó matarte?
El hombre sacó un pequeño dispositivo del bolsillo.
Era una memoria cifrada.
La colocó en las manos de Marcos.
—Aquí está toda la investigación.
Llevamos tres años siguiendo a una organización que utiliza casas particulares para esconder pruebas de asesinatos financieros.
Esta casa era uno de sus puntos de reunión.
Elena sintió un escalofrío.
—¿Nuestra casa?
El agente asintió con dificultad.
—No fue una elección al azar.
La compraron hace veinte años usando identidades falsas.
Alguien sabía que ustedes terminarían viviendo aquí.
En ese momento sonó el teléfono fijo.
Nadie conocía aquel número.
Marcos contestó.
Una voz distorsionada habló lentamente.
—Han encontrado al agente antes de lo previsto.
Qué lástima.
Ahora ustedes también forman parte del juego.

La llamada se cortó.
El agente intentó incorporarse.
Su rostro perdió todo el color.
—Levanten la alfombra…
Rápido…
Antes de que lleguen.
Marcos y Elena retiraron la enorme alfombra del salón.
Debajo apareció una antigua trampilla de hierro.
La abrieron con esfuerzo.
En el interior había decenas de cajas metálicas perfectamente ordenadas.
Documentos.
Pasaportes.
Millones de dólares en efectivo.
Y un archivo marcado con letras rojas.
“Proyecto Génesis.”
Marcos abrió lentamente la primera carpeta.
La fotografía que apareció hizo que ambos dejaran de respirar.
Era una imagen tomada quince años atrás.
En ella aparecían ellos dos…
Mucho antes de haberse conocido.
Y, entre ambos, sonreía el mismo hombre que acababa de llamar por teléfono.
Lee la Parte 3.