Parte 2: EL INFORME MÉDICO QUE DESMORONÓ TODAS SUS MENTIRAS

El ruido de las hélices desapareció.

Pero el silencio que quedó sobre la hacienda era aún más ensordecedor.

Más de doscientas personas observaban a Alba caminar con absoluta tranquilidad.

León Arístegui sostenía su mano.

Los tres niños corrían unos pasos delante de ellos, riendo mientras perseguían unas hojas movidas por el viento.

Gael no apartaba la vista de los pequeños.

Había algo inquietantemente familiar en ellos.

Amparo recuperó primero la compostura.

Sonrió con desprecio.

—Bonita puesta en escena.

Miró a los invitados.

—Mi exnuera siempre tuvo talento para el drama.

Alba no respondió.

Solo acomodó con delicadeza el saco de uno de los niños.

León habló con serenidad.

—Buenas noches.

Los empresarios presentes comenzaron a saludarlo con evidente respeto.

Muchos abandonaron inmediatamente el grupo de Gael para acercarse a él.

La expresión de Gael cambió por completo.

Nunca imaginó que el hombre más influyente de la reunión llegaría del brazo de su exesposa.

Intentó recuperar el control.

—Veo que encontraste a alguien dispuesto a mantenerte.

Alba sonrió apenas.

—También veo que sigues hablando antes de pensar.

Las risas discretas comenzaron a escucharse entre algunos invitados.

Amparo dio un paso adelante.

—Lo importante es que mi hijo finalmente tendrá la familia que siempre quiso.

Alba inclinó ligeramente la cabeza.

—¿De verdad?

En ese instante, uno de los niños levantó la mano.

—Mamá…

Todos giraron hacia él.

—¿Podemos ir por jugo?

Alba acarició su cabello.

—Claro, cariño.

Los tres corrieron hacia la mesa principal.

Gael los siguió con la mirada.

Cada vez estaba más incómodo.

Uno de los pequeños tenía exactamente el mismo hoyuelo que él había visto durante años frente al espejo.

Sacudió la cabeza.

Era imposible.

Amparo volvió a sonreír.

—Al menos conseguiste hijos… aunque claramente no eran el problema.

Aquellas palabras hicieron que Alba abriera lentamente su bolso.

Sacó una carpeta color marfil.

Gael frunció el ceño.

Reconocía perfectamente aquel sobre.

Era del Centro Nacional de Fertilidad.

El mismo lugar al que Alba había querido llevarlo seis años atrás.

Ella sostuvo el documento unos segundos.

—¿Recuerdas esto?

Gael tragó saliva.

—No sé qué es.

—Claro que lo sabes.

Es el informe médico que te negaste a recoger.

Amparo intervino inmediatamente.

—No necesitamos leer tonterías médicas.

Mi hijo siempre estuvo perfectamente sano.

Alba abrió la carpeta.

Extrajo varias hojas selladas.

—Eso pensabas.

Las extendió frente a Gael.

Él observó el encabezado.

Su nombre completo.

Su fecha de nacimiento.

Su número de expediente.

El color comenzó a desaparecer de su rostro.

—Eso…

No…

Alba continuó hablando con absoluta calma.

—Hace seis años acudí sola al especialista.

Le expliqué que tú te negabas a realizarte estudios.

El médico pidió al laboratorio analizar una muestra que ya existía por un chequeo empresarial que te hicieron meses antes.

Gael sintió que las piernas le fallaban.

Amparo dio otro paso.

—¡Eso es ilegal!

León habló por primera vez.

—No lo fue.

El análisis se realizó con la autorización que el propio señor Montoro firmó durante su examen ejecutivo anual.

Solo nunca regresó por los resultados.

Toda la hacienda permanecía completamente en silencio.

Alba levantó la primera página.

—Diagnóstico.

Pausa.

—Azoospermia no obstructiva.

Imposibilidad natural para concebir.

Los murmullos comenzaron a recorrer el salón.

Gael negó desesperadamente con la cabeza.

—Eso es mentira.

Alba sostuvo otra hoja.

—Segundo laboratorio.

Mismo resultado.

Después un tercero.

Mismo diagnóstico.

Amparo retrocedió un paso.

La copa de vino comenzó a temblar entre sus dedos.

Alba la miró directamente.

—Durante seis años me llamaste estéril delante de toda tu familia.

Nunca permitiste que él se hiciera un examen.

Porque preferían culparme antes que aceptar la verdad.

La copa cayó al suelo.

El cristal estalló sobre el mármol.

Nadie se movió.

Amparo observaba el informe como si acabara de ver desaparecer toda su vida.

Gael seguía completamente inmóvil.

Uno de los empresarios más antiguos de Querétaro rompió finalmente el silencio.

—Entonces…

¿Ella nunca fue el problema?

Alba cerró lentamente la carpeta.

—Nunca.

León tomó nuevamente su mano.

—Y cuando Alba dejó de cargar una culpa que nunca le perteneció…

Construyó una nueva vida.

Los tres niños regresaron corriendo con sus vasos de jugo.

Uno de ellos abrazó la cintura de Alba.

—Mamá, ¿ya podemos irnos?

Ella sonrió.

—En un momento.

Gael observó aquella escena con los ojos completamente húmedos.

Durante años creyó que había abandonado a una mujer incapaz de darle hijos.

Ahora tenía delante a tres niños sanos.

Y comprendía, demasiado tarde, que el único incapaz de formar la familia que tanto había exigido era él.

Pero justo cuando parecía que ya no podía descubrir nada peor, un hombre de traje oscuro atravesó rápidamente el jardín.

Buscó a Gael entre la multitud.

Señor Montoro… necesitamos hablar inmediatamente. Acaba de llegar el resultado del examen prenatal de su prometida… y confirma que el bebé que espera tampoco puede ser suyo.

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