Mateo quedó completamente inmóvil.
La lluvia seguía golpeando el pavimento con fuerza.
La figura salió lentamente de entre las sombras.
Cada paso hacía más insoportable el silencio.
Cuando la luz de un farol iluminó su rostro, los cuatro amigos perdieron el aliento.
—Profesor Esteban…
Lucía apenas pudo pronunciar aquellas palabras.
Durante años había sido el mentor de todo el grupo en la universidad.
El hombre que los había ayudado a conseguir becas.
El que siempre hablaba de justicia y honestidad.
Mateo sintió un profundo vacío en el pecho.
—¿Usted… está detrás de todo esto?
El profesor sonrió con absoluta tranquilidad.
—Fuiste demasiado curioso.
El hombre del automóvil bajó la cabeza con respeto.
Era evidente quién daba realmente las órdenes.
Los dos matones retrocedieron unos pasos.
Esperaban instrucciones.
Mateo apretó con fuerza el sobre negro.
—¿Qué contiene este sobre para que estés dispuesto a matar por él?
El profesor respiró lentamente.
—La verdad sobre la muerte de tu padre.
Aquellas palabras dejaron a todos sin aliento.
Mateo dio un paso atrás.
—Mi padre murió en un accidente.
—Eso fue lo que te hicieron creer.
El profesor levantó un pequeño control remoto.
En una pantalla instalada dentro del automóvil comenzaron a reproducirse unas fotografías.
Aparecía el padre de Mateo reunido con varios empresarios.
Entre ellos estaba el propio profesor Esteban.
Y también el hombre que acababa de amenazarlo.
Lucía observó cada imagen con incredulidad.
—Todos trabajaban juntos…
El profesor asintió.
—Hasta que tu padre descubrió un enorme fraude financiero.
Quiso denunciarlo.
No podíamos permitirlo.
Mateo sintió que las piernas dejaban de responderle.
Toda su vida había estado construida sobre una mentira.
Entonces recordó el contenido del sobre.
Lo abrió lentamente.
Dentro no había dinero.
Había una memoria USB.
Y una carta escrita por su padre pocos días antes de morir.
“Si estás leyendo esto, significa que fracasé. Confía únicamente en las personas que decidan permanecer contigo cuando descubran el peligro.”
Mateo levantó lentamente la mirada.
Observó a Lucía y a sus otros dos amigos.
Ninguno había dado un solo paso hacia atrás.
El profesor sonrió con desprecio.
—Bonita carta.
Pero jamás llegará a manos de la policía.

Sacó un arma.
La apuntó directamente hacia Mateo.
Antes de que pudiera disparar, varias luces azules iluminaron toda la calle.
Decenas de patrullas rodearon el lugar.
El profesor quedó paralizado.
Lucía sonrió por primera vez.
—El teléfono cayó al suelo…
Pero la transmisión en directo ya había comenzado varios segundos antes del disparo.
Miles de personas vieron y grabaron todo.
Los agentes descendieron rápidamente de los vehículos.
El profesor intentó escapar.
Pero un hombre mayor salió de una de las patrullas.
Mostró su placa.
Era el fiscal especial que llevaba veinte años investigando la muerte del padre de Mateo.
Sin embargo, al revisar la memoria USB, su expresión cambió por completo.
—Esto demuestra que el profesor Esteban no era el jefe de la organización.
Solo era uno de los responsables.
Hay alguien mucho más poderoso.
Al fondo de la memoria aparece una única firma.
Y pertenece a una persona que todos ustedes conocen desde hace años.
Lee la Parte 3.