La alarma del monitor rompió el silencio del pasillo.
Marisol dejó caer la carpeta y corrió hacia la incubadora.
—¡Mateo!
Tres enfermeras entraron de inmediato.
El doctor Ramírez apareció segundos después.
—¡Despejen el área!
Marisol intentó acercarse, pero una enfermera la sostuvo por los hombros.
—Déjenos trabajar.
Alejandro permanecía inmóvil.
Observó el pequeño cuerpo de Mateo rodeado de médicos mientras los monitores emitían sonidos cada vez más rápidos.
El doctor pidió medicamentos.
Otra enfermera preparó un desfibrilador neonatal.
Durante varios minutos nadie habló.
Finalmente, la frecuencia cardíaca comenzó a estabilizarse.
El sonido constante del monitor regresó.
El doctor salió del cubículo y respiró profundamente.
—Se estabilizó… pero ya no podemos esperar más.
Miró directamente a Marisol.
—La cirugía debe realizarse mañana.
Ella bajó la cabeza.
—No tengo el dinero.
Alejandro dio un paso al frente.
—Yo sí.
Todos voltearon a verlo.
Marisol abrió los ojos con sorpresa.
—No, señor Alejandro… yo no puedo aceptar…
Él levantó una mano.
—No estoy pidiendo permiso.
Sacó su teléfono.
—Transfiera inmediatamente el anticipo completo al hospital.
Su asistente respondió desde el otro lado de la línea.
—¿Monto?
—Todo lo necesario para la cirugía y el tratamiento posterior.
El doctor Ramírez permaneció completamente en silencio.
Un minuto después recibió la notificación del departamento administrativo.
Levantó la vista.
—La cirugía acaba de quedar autorizada.
Marisol rompió a llorar.
—¿Por qué haría esto por mí?
Alejandro sonrió con serenidad.
—Porque ningún niño debería perder la oportunidad de vivir por culpa del dinero.
Ofelia dio un paso adelante.
—Eso no cambia nada.
Mañana mismo presentaremos la demanda por la custodia.
Mi hijo tiene derechos.
Alejandro la miró por primera vez.
—¿Su hijo?
Ella sostuvo la mirada.
—Sí.
—El mismo que abandonó a este bebé antes de nacer.
Ofelia no respondió.
Solo cruzó los brazos.
—El juez verá que ella no tiene casa, apenas tiene trabajo y vive prácticamente en el hospital.
Marisol sintió que el miedo regresaba.
Era cierto.
No tenía dónde vivir.
Había vendido todo.
Ofelia sonrió.
—Cuando obtengamos la custodia, ustedes no volverán a acercarse al niño.
Entonces Alejandro hizo una llamada más.
—Licenciado Fuentes.
Necesito que venga inmediatamente al Hospital Infantil.
Sí.
Es un asunto de custodia.
Y posiblemente de amenazas.
Ofelia soltó una carcajada.
—¿Cree que un abogado cambiará los hechos?
Alejandro guardó el teléfono.
—No.
Pero las pruebas sí.
Ella dejó de sonreír.
—¿Qué pruebas?
Alejandro sacó lentamente otro teléfono.
No era el suyo.
Era el que utilizaban los empleados de servicio en su residencia para coordinar tareas.
—Hace dos meses instalamos un nuevo sistema de respaldo automático para todas las llamadas relacionadas con el personal.
Marisol frunció el ceño.
No entendía.
Alejandro continuó.
—Cuando Iván llamó varias veces preguntando por Marisol, las conversaciones quedaron registradas.
Ofelia palideció.
—Eso es ilegal.
—No.
Las llamadas ingresaron al conmutador de la empresa y fueron grabadas conforme al aviso legal correspondiente.
El abogado de Alejandro llegó apenas unos minutos después.
Escuchó el contexto.
Luego conectó el teléfono a una bocina portátil.
Una voz masculina llenó el pasillo.
Era Iván.
—No pienso reconocer a ese niño.
Después se escuchó claramente la voz de Ofelia.
—Déjamelo a mí.
Si nace enfermo, esa mujer terminará rindiéndose.
Y si no…

Siempre podemos decir que es una madre incapaz.
Habrá jueces que crean cualquier cosa si llevamos buenos abogados.
El pasillo entero quedó en silencio.
Varias enfermeras dejaron de caminar.
El doctor Ramírez cerró lentamente la carpeta clínica.
La grabación continuó.
Iván volvió a hablar.
—¿Y si ella pide pensión?
Ofelia respondió con absoluta tranquilidad.
—Entonces la asustaremos.
Sin dinero terminará firmando cualquier documento.
La reproducción terminó.
Nadie dijo una sola palabra.
Marisol permanecía inmóvil.
Nunca imaginó que aquellas conversaciones existieran.
Ofelia intentó recuperar la compostura.
—Eso está sacado de contexto.
Pero el abogado Fuentes ya estaba tomando notas.
—En realidad, señora Salgado, constituye un elemento muy interesante para una investigación por coacción y posibles maniobras para privar ilegalmente a una madre de la custodia de su hijo.
Por primera vez, Ofelia pareció realmente preocupada.
Retrocedió lentamente.
En ese momento sonó el teléfono del doctor Ramírez.
Escuchó unos segundos.
Su expresión cambió por completo.
Miró a Marisol.
Después a Alejandro.
—Acaba de llegar otro resultado del laboratorio solicitado para la cirugía.
Marisol sintió un vuelco en el estómago.
—¿Qué ocurre?
El doctor respiró profundamente antes de responder.
—Encontramos una incompatibilidad genética que hace imposible que Iván Salgado sea el padre biológico de Mateo… pero el verdadero padre sí pertenece a la familia Salgado.