PARTE 2: LA HEREDERA REGRESÓ POR SU IMPERIO.

El rugido de los motores estremeció toda la mansión.

Mateo permaneció inmóvil mientras observaba la interminable fila de limusinas negras.

Nadie en la familia podía pronunciar una sola palabra.

El anciano mayordomo abrió personalmente la puerta del vehículo principal.

—Señorita Valdivia, el presidente lleva tres años esperando este día.

Elena asintió con serenidad.

Antes de subir, giró lentamente la cabeza.

Su mirada recorrió por última vez a Mateo, a Sofía y a Carmen.

Ya no había tristeza.

Solo una calma que resultaba mucho más aterradora.

—Gracias por demostrarme quiénes eran realmente.

La puerta de la limusina se cerró.

La caravana desapareció entre las avenidas de la ciudad.

Dentro de la mansión, Carmen rompió el silencio con una carcajada forzada.

—Todo esto debe ser una farsa.

Mateo quiso convencerse de lo mismo.

Hasta que su teléfono comenzó a sonar sin descanso.

Era el presidente del banco principal.

—Señor Mateo… acabamos de recibir la orden de cancelar todas las líneas de crédito de su grupo empresarial.

Mateo sintió un nudo en la garganta.

—¿Quién dio esa orden?

Al otro lado solo hubo una respuesta.

—La nueva presidenta del Grupo Valdivia.

El teléfono cayó al suelo.

Al mismo tiempo, la televisión del salón interrumpió su programación.

—Última hora.

La pantalla mostró una conferencia de prensa transmitida en directo.

Decenas de periodistas rodeaban la entrada del edificio financiero más importante del país.

Una mujer descendió de la limusina escoltada por guardaespaldas.

Era Elena.

Los reporteros comenzaron a gritar su nombre.

—¡La heredera de la familia Valdivia ha regresado!

—¡Después de tres años desaparecida, asumirá hoy el control del conglomerado más poderoso del país!

Mateo sintió que las piernas dejaban de responderle.

Sofía dejó escapar un grito.

—¡Eso no puede ser verdad!

El presentador continuó hablando.

—El patrimonio personal de la señorita Valdivia supera los ciento veinte mil millones de dólares.

Carmen quedó completamente pálida.

Durante tres años había humillado a la mujer más poderosa del país.

Mientras tanto, Elena entró en la sala de juntas.

Cuarenta directores ejecutivos se pusieron de pie al mismo tiempo.

Todos inclinaron la cabeza.

—Bienvenida, presidenta.

Elena tomó asiento en la cabecera de la mesa.

El secretario colocó un expediente frente a ella.

—El primer punto del orden del día.

Ella abrió lentamente la carpeta.

Al leer el nombre escrito en la primera página, una leve sonrisa apareció en su rostro.

—Comencemos con la adquisición total del Grupo Mateo Holdings.

En ese mismo instante, el teléfono de Mateo volvió a sonar.

Esta vez era la bolsa de valores.

Su empresa acababa de recibir una oferta pública de compra… presentada por Elena Valdivia.

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