Los agentes inmovilizaron al impostor antes de que alcanzara la puerta.
Él seguía gritando que todo era un error.
—¡Soy su esposo! ¡Pregúntenle a cualquiera!
El cirujano ni siquiera respondió.
Se volvió hacia la paciente.
—Anestesia.
El equipo médico comenzó a trabajar con una precisión absoluta.
Durante casi tres horas nadie salió del quirófano.
Al amanecer, la luz roja sobre la puerta finalmente se apagó.
El cirujano apareció con la mascarilla aún puesta.
—Está fuera de peligro.
Los policías respiraron aliviados.
Uno de los inspectores se acercó.
—Doctor, ¿cómo supo que ese hombre mentía antes de que ella hablara?
El médico permaneció unos segundos en silencio.
Luego sacó una carpeta del bolsillo de su bata.
Dentro había una fotografía antigua.
En ella aparecía una adolescente sonriendo junto a una mujer de cabello oscuro.
—La reconocí apenas llegó.
El inspector observó la imagen.
—¿Quién es?
—Mi hermana.
El silencio volvió a apoderarse del pasillo.
El cirujano levantó lentamente la mirada.
—Hace doce años desapareció exactamente de la misma manera.
Todos quedaron inmóviles.
—También dijeron que se había ido voluntariamente con un hombre.
Nunca volvió a aparecer.
Por eso, cuando vi el miedo en los ojos de esta joven, entendí que estaba viendo la misma historia otra vez.
El inspector frunció el ceño.
—¿Cree que existe una relación?
El cirujano entregó otra carpeta.
—No lo creo.
Estoy seguro.
Dentro había copias de antiguas denuncias.
Fotografías.
Y una lista con nueve mujeres desaparecidas durante los últimos quince años.
Todas tenían algo en común.
Habían sido vistas por última vez junto al mismo hombre.
El supuesto esposo.
El inspector sintió un escalofrío.
—Pero ese sujeto solo tiene antecedentes por fraude.
El cirujano negó lentamente.
—Porque siempre cambiaba de identidad antes de que encontraran a las víctimas.
En ese instante, un agente entró corriendo por el pasillo.

—¡Inspector!
Acabamos de registrar la camioneta del detenido.
Encontramos documentos falsos.
Pasaportes.
Y varias llaves numeradas.
El inspector abrió una de las bolsas de evidencia.
Había también un mapa.
Un viejo almacén estaba marcado con un círculo rojo.
El cirujano observó el plano apenas unos segundos.
Su expresión cambió de inmediato.
—Llegamos demasiado tarde.
El inspector lo miró confundido.
—¿Por qué dice eso?
El médico señaló una fecha escrita al margen del mapa.
—Porque hoy estaba programado el traslado de otra mujer.
Si no entran a ese lugar antes del amanecer…
Habrá una décima víctima.
Y lo más aterrador era que, según los documentos encontrados, el verdadero líder de toda la red jamás había pisado un hospital.
Trabajaba desde hacía años… dentro de la propia fiscalía encargada de investigar las desapariciones.
Lee la Parte 3.