El muchacho se detuvo en seco.
Apretó instintivamente el sobre contra el pecho.
Miró con desconfianza al hombre vestido de negro.
—¿Y tú quién eres para decirme eso?
El desconocido sonrió con absoluta tranquilidad.
—Alguien que lleva semanas observándote.
El joven intentó rodearlo.
Pero dos guardias de seguridad del hospital aparecieron discretamente detrás de él.
Ya no tenía una salida fácil.
Dentro del edificio, la anciana seguía consolando a su hermana entre lágrimas.
Las enfermeras intentaban ayudar a ambas mujeres mientras esperaban al médico.
El desconocido sacó una pequeña carpeta.
La abrió lentamente.
Había estados de cuenta, recibos bancarios y varias fotografías.
—Durante los últimos tres años retiraste dinero de la pensión de tu madre.
También pediste préstamos usando su firma.
Y hace dos meses vendiste parte del terreno familiar sin su autorización.
El rostro del muchacho perdió todo el color.
—¡Eso es mentira!
El hombre levantó otra fotografía.
En ella aparecía el joven firmando documentos frente a un notario.
La fecha era perfectamente visible.
—Todo quedó registrado.
El muchacho comenzó a retroceder.
Por primera vez parecía sentir verdadero miedo.
En ese momento, la tía salió del hospital apoyándose en un bastón prestado.
Al ver la carpeta, rompió a llorar.
—Así que por fin alguien descubrió todo.
La anciana madre observó las fotografías sin poder creerlo.
Pensaba que el dinero había desaparecido por mala suerte.
Nunca imaginó que su propio hijo la había estado robando durante años.
El joven cayó de rodillas.
—Mamá… yo puedo explicarlo.
Ella negó lentamente con la cabeza.
Las lágrimas corrían por su rostro.
—No me duele el dinero.
Me duele haber criado a un hijo capaz de abandonarme cuando más lo necesitaba.
El desconocido guardó nuevamente la carpeta.
—Eso aún no es lo peor.
Sacó un sobre sellado con el logotipo de la fiscalía.
—Esta mañana recibimos una denuncia anónima.

Al revisar las cuentas encontramos algo mucho más grave.
El muchacho sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—¿Qué encontraron?
El hombre sostuvo el sobre frente a todos.
—El dinero destinado al tratamiento médico de tu madre no fue el único que robaste.
También desaparecieron los fondos de otros cuatro pacientes ancianos del mismo hospital.
Y todas las transferencias terminaban exactamente en una cuenta bancaria abierta… a tu nombre.
Lee la Parte 3.