El médico mantuvo las manos en alto.
Su voz permanecía serena, aunque el corazón le golpeaba con fuerza en el pecho.
—Nadie va a hacerte daño.
La mujer retrocedió otro paso sin apartar el frasco de la boca del pequeño.
—¡No me mientan!
Los guardias detuvieron su avance.
El hombre herido seguía tendido en el suelo.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, levantó una fotografía arrugada.
—Mi… hijo…
Una enfermera la recogió rápidamente.
En la imagen aparecía el mismo niño sonriendo junto al hombre ensangrentado.
Toda duda desapareció.
El médico observó el rostro del pequeño con atención.
Algo no encajaba.
No reaccionaba al ruido.
Su respiración era demasiado lenta.
Sus pupilas apenas respondían a la luz.
Entonces comprendió la verdad.
—Ese niño no está dormido.
Miró fijamente a la mujer.
—Lo sedaste.
Ella no respondió.
Pero su silencio fue suficiente.
El médico dio un paso al frente.
—Si vuelves a acercar ese frasco a su boca, morirá antes de salir del edificio.
La mujer vaciló por primera vez.
No esperaba que alguien descubriera el estado del menor.
Las alarmas seguían sonando.
De pronto, todas las puertas automáticas del hospital comenzaron a cerrarse por el protocolo de emergencia.
La salida trasera quedó completamente bloqueada.
La mujer quedó atrapada.
Desesperada, tomó al niño con más fuerza.
—¡Ábranlas o lo mato!
En ese instante, el médico dejó caer una bandeja metálica al suelo.
El estruendo hizo que la mujer girara instintivamente la cabeza.
Fue solo un segundo.
El suficiente.
Uno de los guardias se lanzó sobre ella mientras otro sujetaba el brazo que sostenía el frasco.
El recipiente salió despedido y se rompió contra el piso.
El niño cayó en brazos del médico.
Las enfermeras corrieron inmediatamente hacia la sala de reanimación pediátrica.
La mujer fue inmovilizada entre gritos.
Pero antes de que la esposaran, comenzó a reír.

Una risa fría y aterradora.
—Creen que ganaron…
Todos la miraron en silencio.
Ella levantó lentamente la vista.
—Ese niño nunca fue el verdadero objetivo.
El hombre herido abrió los ojos de golpe.
—¡No…!
La mujer sonrió con absoluta tranquilidad.
—Mientras todos estaban pendientes de mí…
…mi compañero ya salió del hospital con la verdadera víctima.
El vestíbulo entero quedó paralizado.
El médico miró alrededor.
Entonces descubrió que una de las cunas de recién nacidos del área neonatal estaba completamente vacía.
Lee la Parte 3.